Hace unos años, un virus comenzó a recorrer las calles de una ciudad peculiar, perdida en el mundo, llamada Ciudad Gris. Una urbanización de tamaño moderado, familias típicas, días típicos (aunque muy lluviosos.) ¿Quién iba a pensar que una epidemia iba a saltar y convertir a las personas infectadas en muertos vivientes? (...)
Las poblaciones cercanas a Ciudad Gris han sido evacuadas y, las que no, tienen las mejores defensas que uno puede imaginar. Hay agentes, hay cazadores, hay científicos, hay mutantes, hay bestias... e incluso hay fantasmas.
El Gobierno ha comenzado a actuar. ¿Su próxima acción? Matar a todos los mutantes y evitar que el virus se convierta en lo que muchos temen; el fin de la humanidad.
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Mensaje por Nathaniel Jenkins. el Sáb Jul 30, 2011 6:53 pm


Podía sentir cómo las gafas se deslizaban lentamente por el puente de su nariz. Con la punta del dedo índice, las regresó a su lugar. Apartó un poco la vista del libro y checó su reloj, además de echar un vistazo al agua que hervía sobre el fuego. Después de verificar que todo estaba en orden, regreso a su lectura. No sabía cuántas veces había leído ya la obra de Markus Zusak, 'La Ladrona de Libros'. No le importaba, después de todo, pues era uno de sus favoritos. El libro ya pasaba por viejo y había que tratarlo con cariño porque, de lo contrario, podía morir deshojado. Una vez que el agua estuvo cerca de llegar a su punto de ebullición, Nate abandonó la silla del comedor en medio de la cocina y abrió el paquete de macarrones, vertiéndolos dentro del agua. Ahora había que esperar a que se cocieran. Con un suspiro, volvió a sentarse.

Las cosas que tenía que hacer para que la cena entre él y Brianna fuera lo menos fría posible.

Había llegado a Ciudad Gris tan sólo unas semanas antes y, por supuesto, primero la buscó a ella. En parte porque quería conocerla, y porque necesitaba saber cómo estaba. También quería saber si el virus la había atacado de la misma forma que a él. Deseaba poder hablar con ella y entablar una relación de hermanos... No, quizá no estrecha, debido a las pasadas circunstancias, pero a menos llevadera. Pero claro, Brianna resultó ser lo contrario. A pesar de que, él sabía {y su padre le había dicho}, era tranquila y sabía divertirse, con Nate parecía que el chico había hecho algo imperdonable. Lo miraba con desprecio, con impotencia; como si fuera algo de lo cual nunca iba a poder deshacerse.

No la culpaba, no había razones para hacerlo. Lo único que lo irritaba era que ni siquiera hacía el intento. Desde el primer momento había trazado una línea invisible que, con el paso de los días, se había vuelto una barrera prácticamente impenetrable.

Nate se quitó los lentes, y se sostuvo el puente de la nariz. Pensar en todo eso le causaba dolores de cabeza. Sabía que lo mejor, probablemente, era salir de ahí y vivir por su cuenta. Fingir que no tenía nada que ver con Brianna. Pero la realidad era que la quería, porque era su {media} hermana, y se preocupaba por ella. Dejarla sola era en lo último que podía llegar a pensar. Se puso de pie de nuevo, coló los macarrones y les vertió el queso que previamente había derretido.

Además, Bree cocinando era un asco. Si no fuera por él, algún día hubiera podido llegar a morir de hambre.

Brianna —la llamó al pie de la escalera. Al no contestar, Nate suspiró, e inhaló profundamente de nuevo—. Brianna, la cena está lista.


Última edición por Nathaniel Jenkins. el Sáb Jul 30, 2011 8:06 pm, editado 1 vez
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Brianna C. Jenkins el Sáb Jul 30, 2011 7:15 pm

¡Puto, muérete de una vez! —gruñó bajo su aliento, presionando una y otra vez la combinación de botones {equis, izquierda, botón rojo y espacio} que se necesitaba para descargar toda la munición que tenía dentro de la ametralladora contra uno de los sujetos que avanzaba corriendo hacia ella. La velocidad con la cual salían los disparos era enorme, de modo que su personaje se alejaba poco a poco hacia atrás, impulsado por aquella fuerza en realidad inexistente. Brianna murmuró maldiciones una y otra vez, cambiando de táctica y rodando por el suelo hacia la izquierda {botón izquierdo, zeta} y escondiéndose detrás de una de las cajas de manera gigantes que había dentro del barco de carga. Se tomó sólo unos pocos segundos para cambiar el arma, buscando a toda velocidad el arco con las flechas. Cuando lo encontró, lanzó un pequeño grito de victoria.

¿Quieres decirme qué estás tramando? —le dijo una voz en el oído. Brianna chascó la lengua y apagó los audífonos gigantes que llevaba puestos sobre la cabeza, intentando no distraerse por la estúpida voz de su contrincante, un chico algo mayor que ella que le había ofrecido una partida a muerte online. Apartó el micrófono a un lado, puesto que a veces era tremendamente molesto tenerlo tan cerca de los labios, y volvió al ataque.

Se envaró, arco en mano, y sacó una flecha del carcaj a toda velocidad {equis, derecha, botón rojo}. Mientras apuntaba al pecho del contrincante, el otro aprovechó aquellos segundos y lanzó unos cuantos disparos directo a su cabeza, pero Brianna saltó justo a tiempo {botón azul y adelante}, parándose sobra la caja. El disparo, de igual forma, le dio en el estómago. Oyó cómo su personaje soltaba un grito de dolor, pero ignoró la advertencia del medidor de vida bajando rápidamente a causa de la herida. Con una velocidad sorprendente, volvió a colocar la flecha en el arco {el otro estaba distraído, al parecer celebrando su victoria, sin darse cuenta de que Brianna ya no lo escuchaba} y, con un simple apretón del botón rojo, la soltó, directo al pecho.

El personaje murió al instante. Brianna volvió a encender el comunicador y soltó un grito de victoria {lo suficientemente alto para que lo oyera la mitad del vecindario}, mientras su contrincante todavía no llegaba a entender lo que había sucedido. Sin esperar respuesta se levantó, masajeándose las manos, que en tanta tensión había mantenido hasta ese segundo. Entonces se sacó los auriculares y frunció el entrecejo, escuchando la voz de Nate llamándola desde el pie de las escaleras. Con un suspiro, apagó la pantalla del televisor y asomó la cabeza fuera de su habitación.

¡Aguarda, ya voy! —gritó, saliendo y sentándose en el barandal, para luego darse un empujón y bajar deslizándose suavemente. Dio un salto para bajarse y se encaminó a la cocina, sin siquiera decirle ni dirigirle ninguna mirada a su hermano. {Medio hermano, se recordó. Apenas eres su familia.} Echó un vistazo al lugar donde salía aquél aroma, que reconoció al instante, y se giró para mirar a Nathaniel con una ceja alzada—. ¿Macarrones, eh? Lo que sea que intentes conseguir, no funcionará. ¿Y cómo diablos supiste que me gustaban?
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Nathaniel Jenkins. el Sáb Jul 30, 2011 8:04 pm


Brianna era diferente. Nate lo había adivinado desde el primer momento. No estaba seguro de la razón, sabes, y eso lo asustó un poco. {El sabía lo suficiente sobre casi todo}, y sin embargo, Brianna era un tema nueva, algo sobre lo que jamás había leído o investigado. Le desesperó al principio porque como siempre pasa cada que tiene curiosidad, muchas preguntas se formaron en su interior. Preguntas y dudas que, sabía, nunca serían contestadas. Podía sacar información de su padre, pero no era lo mismo. Quería respuestas de la misma Brianna, pero ella no contestaría ni siquiera a un "¿me das tu hora, por favor?". La curiosidad le quemaba la garganta siempre que la veía hacer cosas radicales, como en ese momento, cuando se deslizó escaleras abajo sobre el barandal, dando un grácil salto al final. Como un felino, {como su filosa mirada, y su punzante actitud}.

Brianna era intriga, una ecuación sin solución. {Brianna eran los ojos que lo odiaban desde lejos, ahogandose con su propio silencio}.

Le devolvió la mirada, manteniendo el rostro sereno. Una de las comisuras de su boca se elevó un poco al escuchar su comentario. Ella creía que Nate actuaba con segundas intenciones. Y lo hacía; la meta que él tenía diferente a cualquiera que ella pudiera imaginar: quería ganársela, y derretir esa fina capa de hielo que la envolvía. No le contestó en el acto, cosa que, él sabía, la sacaba de quicio. Dio media vuelta, y se encaminó de nuevo a la cocina.

No lo sabía —dijo. Y era verdad. La miró divertido, llenándole un plato y colocándolo frente a ella sobre la mesa. Cuando él se sentó, recargó los codos en la mesa, entrelazó los dedos, y posó la barbilla sobre la unión de éstos. Sonrió discretamente de lado—. También son mis favoritos.

Observó en silencio cómo ella se tensaba levemente. Él se aclaró la garganta lo más suavemente que pudo; la curiosidad estaba atorándosele de nuevo en la boca. {¿Qué ocurre?, ¿qué dije?, ¿es malo que tengamos algo en común?, ¿por que me odias?, ¿quieres que me vaya, que te deje? Lo siento. Eso no pasará}.

Además —agregó, después de unos minutos—, me pareció que podíamos festejar de alguna manera. No creo que el grito de victoria haya escapado de la boca de alguno de los vecinos.
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Brianna C. Jenkins el Sáb Jul 30, 2011 8:26 pm

Brianna mantuvo la vista clavada en su hermano {medio hermano, por favor, ¡recuérdalo!} sin siquiera moverse, esperando una respuesta. Y el maldito la estaba haciendo esperar. Comenzó a taconear el suelo rápidamente, una muestra de su impaciencia. ¡Ya vale, Nathaniel! tenía ganas de contestar, yo soy la que puede odiarte aquí. No intentes hacerme sufrir porque jamás tendrás esa victoria. Al final, cuando contestó, no hizo más que rodar los ojos y sentarse frente al plato que él le había dado. Claro, no lo sabía. Probablemente se lo había sonsacado a algún vecino o incluso al vendedor de la tienda donde compraban los víveres.

No conseguía entender por qué se esmeraba tanto en hacerla sentir cómoda, en hablar con ella. Brianna jamás había pedido tener un hermano. Jamás había pedido que su padre la dejase y formase otra vida donde no tuviera nada que ver con ella. ¡Ella nunca había querido tener que compartir la casa con un estúpido chico de diecisiete años que no hacía más que querer hablar con ella! Eran hermanos, sí, pero a la mitad. Había montones de medio hermanos en el mundo y no todos tenían una relación cercana. ¿Por qué no, simplemente, ellos no intentaban ser como esas personas? Eso era lo que ella quería. Una relación cordial, de conocidos. Aún no llevaba mucho tiempo sabiendo al existencia del chico y todavía sentía una punzada en las sienes cada vez que pensaba en él, sentimientos confusos, tales como furia {predominante}, odio y decepción. Odio hacia él, por los simples celos que no era capaz de ocultar pero de los cuales no se avergonzaba, porque sabía que eran lógicos. Él se había quedado con la familia, o al menos eso pensaba. Y la decepción iba por parte de todos; ¿cómo había sido capaz, su padre, de dejarla y luego seguir como si nada?

En un ataque de rabia reprimido, comenzó a pinchar uno y otro macarrón con fuerza, sin siquiera llevárselos a la boca antes de dejarlos totalmente desfigurados, tal y como las ilustraciones de la tapa del juego que acababa de terminar a jugar. Sintió los ojos de él posados en su rostro, aquellos ojos penetrantes como los de un halcón cazando a su presa, y se tensó al escuchar las siguientes palabras. Luego le dieron ganas de reír. Parecía que Nate no iba a rendirse en ese juego. No importaba cuántas veces Brianna le dejara en claro lo poco que le agradaba su presencia, ahí estaba él, compartiendo cosas. Revelando secretos. El hecho de tener algo en común, como una simple comida predilecta, la hacía sentirse confundida. Ese hecho sólo remarcaba que eran parientes, que eran familia. Pero al mismo tiempo incrementaba su odio por desconocer de la existencia del chico hasta hace tan poco. ¿Acaso él no había tenido el privilegio de saber de ella todo el tiempo?

Sus pensamientos se interrumpieron. Llevó el tenedor a la boca y saboreó la comida, que, pese a todo, estaba buenísima. Claro que no iba a deshacerse en halagos ante su anfitrión. Normalmente ella encargaba comida china o pizza, no era una gran cocinera. Incluso una vez había intentado hacer unos simples huevos y los olvidó, de modo que la cocina se incendió y tuvieron que pasar días reparando todas las cosas. Así que nadie le culpaba de disfrutar de algo bueno cuando se le presentaba. En todo caso, al oír el comentario, muy a su pesar, una sonrisa se posó en su rostro. Suave, pero existente.

Lo sé. El tipo creía que tenía el juego ganado, luego de disparar unas cuantas balas. Pero un arco y una flecha pueden aparecer de la nada y, un tiro perfecto, matarlo antes a él que a mí. Antes ganar muriendo que perder, ¿no? —No esperó respuesta, mientras seguía masticando la comida. Brianna no solía ser extremadamente abierta y, cuando hablaba, lo hacía de cosas superficiales, pero vaya que sí hablaba—. A veces los jugadores se creen que por ser chica me van a ganar fácilmente. —Rodó los ojos, aún sonriendo—. ¡Por favor! Podría rematarlos cinco veces antes de que ellos consiguieran superarme unos cuantos puntos.


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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Nathaniel Jenkins. el Sáb Jul 30, 2011 9:14 pm

Odio. Reproche. Rencor. Todo estaba en los ojos de Brianna. Podía verlo, podía sentirlo. Y lo entendía. Ella pensaba que él le había arrebatado todo lo que una vez tuvo, o al menos, lo que le quedaba: Dante. El padre de ambos, y el hombre que había traído la amargura a la vida de su media hermana. Sí, todo era culpa de Dante, y de la madre de Nate. {¿Tenías que ser tan hermosa, madre?, ¿o sólo eras lo suficientemente fácil? Un bonito par de piernas abiertas, muslos suaves y una risa que hacía que Dante tragara vidrio roto. No te conozco, mujer de labial rojo; nunca en mi vida te he visto. Estás muerta, así estás bien}. Nate observó a Brianna descargar su repentina furia en su cena. Machacó los macarrones, uno a uno. Él reprimió una sonrisa; esperaba que no fuera su rostro lo que estaba viendo en todo ese queso derretido, porque entonces perdería el apetito seguro.

{¿Qué es lo que pasa por su cabeza?, ¿estará pensando, también, en Dante?, ¿es demasiado queso? Podría servirle macarrones sin queso, pero, ¿qué gracia tendría?}. El hambre que había sentido al oler la cena lista se esfumó de repente, como papel mojado deshaciéndose. Sentía que comenzaría a vomitar preguntas, y después tendría que mirarlas esparcidas por la mes ay limpiarlas. {No quería limpiar, quería respuestas. Quería una Brianna que estuviera dispuesta dejar de gruñirle durante la cena}.

Pero alzó la vista a tiempo para ver cómo la chica degustaba la comida por primera vez desde había tomado el tenedor entre los dedos. Nate no sintió satisfacción alguna al darse cuenta de que a ella le había gustado. Aquello no era nada, ni un mínimo avance. Tragó en seco rápidamente, sin quitarle los ojos de encima, aún a través de las gafas de montura. Mas sin embargo, al verla sonreír suavemente, Nate casi se parte la lengua de tan fuerte que se la mordió; ante todo, siguió sereno, y sin mostrar otro gesto que no fuera una sonrisa igual de pequeña que la de ella.

Escuchó a Brianna con atención. Desde que había llegado, pudo notar muchas cosas, como ya había dicho; pero la más importante e interesante era aquella: Bree era adicta a los videojuegos. {Sí, adicta, ¿entiendes?}, aunque si con esas vamos, Nate era adicto a cualquier cosa que despertara su curiosidad. {¿Adicto a Brianna? ...Quizás. Pero no tan enfermo, hombre, controla tus pensamientos}.

"Antes ganar muriendo que perder" —repitió Nate, saboreando la frase. La miró fugazmente y apartó el rostro después, repimiendo una sonrisa, bebiendo de su taza de café—. Muy cierto. Y no sólo en cuanto a eso. Tu padre siempre dice que no hay que subestimar a una mujer. Pueden ser letales... Prueba viviente eres de ello. Y me alegra saberlo.

Sí, había dicho 'tu padre'. Dante no era de Nathaniel.
{Nunca lo quise, Bree. Nunca me perteneció}.


Última edición por Nathaniel Jenkins. el Sáb Jul 30, 2011 9:55 pm, editado 1 vez
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Brianna C. Jenkins el Sáb Jul 30, 2011 9:41 pm

Y ahí estaba. Brianna cerró los ojos, dejando el tenedor caer sobre el plato sin miramientos, de modo que se produjo un fuerte repiqueteo entre ellos, que resonó en el repentino silencio que ella misma había creado, pues Nathaniel sólo había detenido su charla para escuchar una respuesta elocuente que, ella sabía, jamás llegaría. Se llevó las manos a las sienes, para masajearlas suavemente con los dedos índice y anular. Estaba apretando los dientes y era consciente de ello, pero no detuvo la presión que ejercía hasta que sintió que se estaba haciendo daño. Se relajó, apenas, y de inmediato sintió como si la dentadura fuera a caerse en ese mismo segundo y aterrizar sobre el plato.

Era agradable hablar de videojuegos. Porque sólo ella hablaba. No había interrupciones y era un tema que conocía a la perfección, que se sabía de memoria {algo que adoraba, anda.} Hablar de esas cosas la hacía sentirse cómoda, alegre sin importar la situación ni la compañía {como se había sentido hacía unos pocos segundos, haciendo caso omiso a la normalmente enfermiza presencia de Nate a menos de tres metros de distancia de su cuerpo, compartiendo la misma mesa} ni el lugar. Pero luego la gente, por obvias y típicas razones, sigue sacando temas, relacionando una cosa con otra y entonces Brianna entiende que ella no pertenece allí y se larga, ganando fama de poco educada y con falta de tacto. Pero no es su culpa. Perder tiempo en algo de lo cual no goza no vale la pena en lo absoluto. Antes ganar muriendo que perder, ¿verdad? Mejor irse, con todos los prejuicios, que quedarse allí y perder la dignidad propia.

Se quedó en silencio un rato, sin pensar en absolutamente nada. Luego, cuando ya habría pasado unos pocos minutos {¿cuántos? no tiene ni idea}, volvió a abrirlos y se encontró con la mirada de Nathaniel, que la observaba con aquellos ojos suyos escondidos detrás de las gafas de montura. Cuando lo conoció, Brianna caviló sobre burlarse de él con los típicos apodos de cuatrojos o cosas por el estilo, pero luego desechó la idea. Podía sentir rencor prácticamente infundado hacia él, pero ella no era de las que lastimaban conscientemente {lo suyo es natural, hombre.}

¿Podemos, simplemente —hizo una pausa, volviendo a tomar el tenedor sentándose dignamente en la mesa, con la mirada fija en su hermano, sin el menor signo de demostrar arrepentimiento por repentino enojo, que intentó aplacar—, no hablar de él? Me pone enferma.

Y, a decir verdad, lo hacía. Brianna sencillamente no conocía a su padre, no lo había visto en persona más que una vez cada año durante todos sus cumpleaños desde los cinco años y, con el tiempo, se había forjado una imagen desagradable de él. No quería oír siquiera su nombre, porque le daba náuseas. Otra de las razones por la cual no le gustaba la compañía de Nathaniel; le recordaba constantemente que, en algún sitio, tenía un padre.

Pinchó más macarrones con el tenedor y se los llevó a la boca, disfrutando de la comida en silencio. Todo su cuerpo estaba tenso. Al final, suspiró.

Vale —dijo, limitándose a una simple expresión de rendimiento, cuando en realidad quería rodar los ojos y soltar maldiciones—. Suéltalo. Hiciste esto por algo y no soy tonta. Dime qué es. Prometo no gritar ni tratarte como una cucaracha durante el tiempo que dure esta cena.
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Nathaniel Jenkins. el Sáb Jul 30, 2011 11:43 pm


Había puesto el dedo en la llaga al llegar justo ahí, y después enterró las uñas en la herida al decirle que se quedaba. Haber sacado a colación, e inconscientemente, ese tema y ponerlo sobre la mesa había sido como cortar de nuevo la piel sensible que comenzaba a cicatrizar. La rabia que comenzó a embargar a Brianna era tan palpable en el lugar que podía reventarse como una burbuja ante el mínimo roce. No obstante, Nate no se movió ni comentó nada más. Tomó aire y esperó pacientemente a que ella se recuperara. Debió haberlo sabido, pero como ya sabes, Brianna es el tema del que nunca escuchó hablar. {Dante, su persona y su nombre, eran un tabú dentro de esas cuatro paredes, que gritan, que lloran y que rasguñan la puerta hasta que las uñas les sangran porque desea sair}. Pero no les dejaré la puerta abierta de nuevo, se dijo Dante, nunca más. La próxima vez empujaría lo impronunciable dentro de su boca.

Pero tuvo que poner más atención porque supo que ahí estaba la verdadera Brianna, la que ante la simple mención de una persona se quebraba y rápidamente recolectaba los trozos de su persona, uniéndolos de nuevo con aquella frialdad tan propia de ella. La observó tensar la mandíbula. Fueron tantos los minutos que Nate comenzó a alamarse; no quería que se hiciera daño. Cuando se relajó, él soltó el aire que, no había notado, estaba conteniendo. Siguió mirándola, asintiendo ante su petición. Desvió la mirada y recargó el rostro ladeado sobre la mano, manteniendo el codo derecho sobre la mesa, a modo de sólo poder tener en su campo de visión a su aún no utilizado tenedor.

Sin embargo, cuando Brianna dijo lo último, él no levantó la mirada en el acto. Se quedó examinando el metal opaco del cubierto, pensando. Si se ponía a pensarlo, no tenía una respuesta concreta. Razones podía haber muchas, al igual que todas podían ser faltas de lógica o fundamentos. Bajó el brazo y, por fin, la miró directamente a los ojos. Podía darse de lo incómoda que se sentía, siempre tratando de ignorarlo, cuando bien sabía que nada de lo que hiciera funcionaría.

Eres como un imán, Brianna —murmuró tranquilamente. Tomó el tenedor y empezó a girarlo lentamente entre los dedos, como si de un lápiz se tratara—. Entre más me desprecias, más trato de acercarme. ¿Por qué? No lo sé. Cuando te veo, siento que voy a comenzar a escupir una pregunta tras otra, tras otra y otra más. Me resultas verdaderamente interesante. No, no como un bicho extraño o algo que pueda estudiar. Sólo... Como persona. Como a alguien que nunca antes he conocido.

Dejó caer el tenedor bruscamente contra la mesa, sobresaltándola. La miró furioso. Nate trató de recordarse que ella tenía derecho a odiarlo, pero eso era... Estúpido. SE relamió los labios y se quitó las gafas, también dejándolas sobre la mesa. La miró y soltó el aire.

Quiero, al menos, que dejes de mirarme así —susurró—, justo como lo estás haciendo ahora. He tratado de justificarlo, pero ya no lo aguanto. Odio... Que me odies —dijo, apartando la mirada. Frunció los labios, y de nuevo la miró profundamente—. Pero si es eso lo que debo aguantar por no dejarte sola, que así sea.

Se levantó y tomó ambos platos. El suyo estaba aún lleno, y el de ella, vacío. Casi sonrió, {casi}. Después, regresó a la mesa, y se sentó con su distinguida tranquilidad.

Ya no me importa.
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Brianna C. Jenkins el Dom Jul 31, 2011 12:27 am

Brianna escuchó. Con alarmante {para ella} tranquilidad.

Nunca había sido una persona capaz de detenerse a escuchar las palabras de otro. Jamás había mediado de consejera para sus amigas, escuchándolas tranquilamente y reconfortándolas con palabras amables y cariñosas {un segundo, ¿qué amigas?}. Al contrario, ella siempre había sido la que parloteaba. La que ideaba. La que se metía en problemas y luego trataba de solucionar, por su propia cuenta, sin querer la ayuda de nadie más. No recordaba haber flaqueado en lágrimas frente a ninguna persona, siquiera cuando fue lo suficientemente mayor para comprender lo sola que estaba en el mundo. Lo asumió como un hecho, irremediable. Vivió con eso toda su vida y la ayudó a fortalecerse. Y luego llegaba él, con su parloteo sobre hermanos y queriendo ser, al menos, su amigo.

No desvió la mirada, en ningún momento. Notaba cómo él paseaba la vista, algo nervioso al principio, entre ella y el tenedor intacto que había sobre la mesa. A ella no le pasó desapercibido el hecho de que él no había probado bocado y se sintió algo culpable. Dicho antes, si ella hería no era por intención, sino por naturalidad. Y ser consciente de aquello no era realmente agradable. Quizás nadie lo viera, pero había alguien que realmente se preocupaba por las personas en el interior. Podía despreciarlas {y vaya que sí}, ¿pero desearles el mal? Jamás. Lo único que deseaba era no tener que organizar el funeral de su hermano, muerto por depresión. {Además, esa sería una razón para tener que ver a su padre, cosa que no quería ni en un millón de años.}

Así que escuchó. Centró su atención en cada palabra, y aunque en los silencios sentía cómo los labios literalmente se abrían y cerraban, vibraban con las palabras en la punta de la lengua, purgando por salir, las echó lejos. No era momento para actuar sin pensar. Dejó que él retirara su plato en el más absoluto de los silencios. Y, cuando supo que había terminado, soltó una carcajada.

Vale. Pausemos un segundo.

Lo siento —dijo, tapándose la boca con una mano, la sonrisa todavía visible por la inclinación de sus mejillas y el brillo de sus ojos—. De veras. No es momento de reír. Simplemente... —Intentó controlar la voz, nuevamente serena—. Si al distanciarme de ti sólo consigo lograr que quieras acercarte más, entonces estoy haciendo todo mal. Y si ya no te importa, no tengo razones para intentarlo.

Se inclinó, juntando sus manos en la mesa y observándolo por entre sus pestañas, la mirada fija en aquellos ojos. Vale, pensó, todavía la cabeza me duele al verlos, pero... ¿qué más da? Ser malvada no está en mi naturaleza y, al final, harta.

Empieza tú primero —propuso, señalándolo—. Haz una pregunta. Y me importa un bledo si ya no te importa, la harás igual. Mantendré mi promesa; durante lo que queda de la noche, seré sincera y no te trataré como la cucaracha que quizás seas. Adelante.
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Nathaniel Jenkins. el Dom Jul 31, 2011 2:37 am


Había estado muy callada. Nate debía admitir que el hecho de que no lo hubiera interrumpido ya lo había sorprendido un poco. Es decir, estamos hablando de Brianna, sabes. Si no le parece, te lo dirá y te dejará con la palabra en la boca; y si le parece... Bueno, pudiera ser que la reacción sea la misma. Y aunque aún se sentía inexperto en el tema, eran cosas como esas, las pequeñas que descubría mientras ella bajaba la guardia, las que le hacían pensar que, quizá algún día, ella se cansaría de mantener arriba las barreras. Pero no iba a dejar que ella o hiciera. Quería ser él quien las derribara. {No pienses que es un obsesionado, por favor. Es sólo un chico de labios ansiosos y lengua que palpita, viva de curiosidad}.

Se humedeció los labios con la punta de la lengua, los cuales había sentido resecos ante la repentina carcajada que Brianna soltó. Quizá a muchos aquello les habría sacado de sus casillas. Quizá a Dante lo enfurecería. No, quizá no, lo hacía. Nate lo había hecho un par de veces y los resultados, aunque satisfactorios, le habían causado problemas. Y el no era un chico al que le gustara estar en conflicto, {¿y por qué demonios sigues metido en esa casa, viviendo con una chica que preferiría pisotearte antes que permitirte vivir con ella bajo su techo?}.

Podría clasificarse como dilema existencial.

Observó su sonrisa, tan filosa y cargada de burla que caulquiera comenzaría a marearse. Pero no, a Nate no. Porque llevaba días conviviendo con aquel gesto, sabiendo que era lo mejor que jamás conseguiría. Era la sonrisa que le disparaba la adrenalina en las venas y hacía que le punzaran las sienes durante horas. {Era más un golpe que una caricia, no era un beso sino una mordida}. Era el aire que falta y saber que estás a punto de morir, porque esa persona frente a él no te aprecia. Te odia. {Y Nate no muere, no, porque Brianna sigue viva}. Y porque la mujer que se pintaba una roja sonrisa cada mañana le dio la vida. {Dante dice a menudo que es tu madre. Pero tú ya no sabes más de eso}.

Se inclinó también sobre la mesa, mirándola con diversión.

No lo sientes —fue lo primero que dijo—. Morías de ganas por reírte de mí.Algo le estaba faltando a ésta cena.

Después, no supo qué decir. Pero sí se dio cuenta de algo. Si comenzaba a preguntar en tropel, se quedaría sin armas. Así que iría lento. Después de todo, él no tenía prisa alguna y esperaba que ella tampoco. {Pero esperar es hastiante, anda, que todos lo saben. Incluso Nate, pero sabe cuán fuerte debe morderse la lengua}.

Te haré una pregunta por cena —le dijo, serio—. Tú decides si contestas o no. Si contestas, perfecto. Si no, tendrás un día entero para pensar tu respuesta, pues en la siguiente velada, te haré una nueva pregunta, y tendrás que contestarla junto con la acumulada.

{Sin presiones, claro.
Recuerda que te aprecio, Bree
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Brianna C. Jenkins el Dom Jul 31, 2011 3:22 pm

Por un momento, Brianna sólo lo observó. Su expresión congelada, como si hubieran tomado una fotografía y la hubieran enmarcado en cabellos castaños. Observó su rostro, aquél tan familiar y desconocido al mismo tiempo. Porque Brianna no lo conocía y, no obstante, hallaba cosas familiares en él. Eran familia, ¿verdad? Y sabía que ambos habían heredado rasgos comunes del mismo progenitor. Aunque Brianna era la viva imagen de su madre, ella sabía que había cosas, mínimas, en su ser que le recordaban constantemente que también había existido un padre en su vida. Cosas que destestaba, que cambiaría si tuviera la oportunidad, pero que no odiaba. Formaban parte de sí misma y no iba a odiarse por un hombre que, por cosa del destino, le había otorgado la vida. Claro que no, él no se lo merecía. Reconocía, en el cabello oscuro de su padre, moteado de diferentes tonalidades, el suyo propio, algo más largo y mejor cuidado que el de él, pero ahí estaba. Reconocía la inclinación de la barbilla en ambos, menos notable en Nate, pero presente de igual forma. Eran cosas prácticamente inexistentes, pero que ayudaban y le recordaban día a día que no eran simplemente desconocidos. Compartían algo, lo quisieran o no.

Brinna observó esos ojos, tan atentos y especiales. Siempre le habían gustado {aunque jamás lo admitiría.} Desde el día que lo vio por primera vez, caminando en las calles de la ciudad, la encontró en una esquina y le soltó que él era Nate {y era su hermano}, tal y como había dicho en aquella llamada telefónica meses atrás, desde entonces esos ojos la habían cautivado. Tenían algo especial, difícil de obtener, que causaba plenitud a quien quiera que los mirase {o simplemente a ella, quizás.} Escondidos detrás de esas gafas, incluso, la miraban con tanta atención que a ella le daban escalofríos. Nathaniel poseía una mirada realmente penetrante, lo supiera o no, y la usaba cuando era necesario.

Por un segundo, luego de oírlo hablar, tuvo la convicción de que él tenía una imagen errónea de ella. Pero luego se dijo que era imposible saber realmente quién era si ella nunca se permitía mostrárselo, si jamás se abría. Entonces se maravilló, inmensamente, por el empeño que él tenía en conocerla. No importaba las veces que Brianna lo rechazara, él lo seguía intentando. Era obstinado {y ella admiraba a las personas obstinadas.} Quería conocerla y ya, costara lo que costara. Todo lo que sabía lo había obtenido a duras penas, con dificultad. Eran hilos que se escapaban de pequeños orificios en la barrera que ella se había empeñado en formar entre ambos. Orificios tentadores y que animaban a acercarse y comenzar a agrandarlos cada vez más. Porque ella quería conocerlo, lo admitiera o no. Tenía interés por él, por esa persona que había aparecido de improvisto en su vida. Pero había una parte de ella, que odiaba y ocultaba, herida por un hombre tiempo atrás y que sabía que, si dejaba entrar a Nathaniel, debería dejar entrar los recuerdos. Recuerdos que sólo causaban dolor e impotencia.

Aunque admito que reírme de ti es una diversión asegurada —comenzó, con voz tranquila y mirada atenta. Su tono era idéntico al de las personas portadoras de malas noticias {malas para ella, porque demostraba que estaba por abrirse, buenas para él, por la misma razón}—, no me causa especial interés. Si me río, es porque me dan ganas de hacerlo y lo hago, sin pensarlo. Si me burlo, es porque siento la inclinación a hacerlo y es totalmente natural. No me paso ni siquiera un segundo pensando en una broma que hacerle a alguien. Sencillamente lo hago. Y luego tendré que enfrentarme a las consecuencias que aquello deja, como estoy haciendo ahora, diciendo esto de lo que luego, seguro, me arrepentiré.

Se hizo una pausa. Nate habló. Brinna escuchó y, luego, sonrió. Comenzó a hablar en el mismo segundo en el cual él dejó el punto final a su oración. Le agradaba la idea. Demostraba que él estaba dispuesto a ser paciente por mucho que le costara. Demostraba que quería conocerla de verdad, darle tiempo para cavilar la respuesta y responder con total sinceridad, sin la necesidad de inventar mentiras en el momento, bajó la presión. Pero también se aferraba, sin darse cuenta, a la posibilidad de que ella ideara una mentira perfecta porque reconocía que la verdad era demasiado personal y no quería compartirla, no en ese momento y quizás nunca.

Vale —aceptó, separando sus manos y apoyando las palmas sobre la mesa, de modo que pudiera ayudarse con ellas y alzarse en su lugar, acercándose a su rostro—. Pero el trato cuenta con los mismos privilegios para mí. Quiero que sea equiparado. Tú haces una pregunta cada noche; yo haré una pregunta cada noche. Yo tengo todo un día para pensarlo; tú tienes todo un día para pensarlo. Y no se puede evadirla, lo quieras o no, por ambos lados. —Hizo una pausa, deleitándose con la mirada que él le dirigía. Soltó el aire y volvió a sentarse, una sonrisa satisfecha en su rostro. Aquello era un juego, nada más. Al menos no para ella, quien amaba la diversión y los juegos que podrían atraer riesgos próximos. Y aquello, claramente, los traía—. Empiezas tú. Pregunta.
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Nathaniel Jenkins. el Jue Ago 04, 2011 5:00 pm


Cuando era más pequeño y su padre aún lloraba la muerte de la mujer de boca roja, Nate encontró una vieja foto de Brianna. Él tenía siete años, si mal no recuerda, y apenas y podía lavarse por sí mismo las manos; {'¿puedes tú solo?', 'claro que puedo, padre', 'pero Nate...', 'basta; lo haré yo mismo. Vete'}. ¿Terco?, bueno, ¿y qué? Es cierto que, muchas veces, con ser tan necio no se llega a nada, pero Nate había logrado tanto por el simple hecho de no ceder ante nada, que ya lo consideraba casi magia {casi, ves, porque la magia se supone que es algo fácil, práctico. O simples luces de colores que hacen ver las cosas aún más bonitas}. Como hacía diez años, cuando convenció a su padre de que, aún estando resfriado, podía cuidar de sí mismo mientras Dante trabajaba. Le costó, debe admitir, pero como el asquerosamente obstinado chico que es {y siempre será}, lo logró. El hombre se fue y la casa perteneció a Nate durante un día entero. Sin embargo, en lo único en lo que estaba interesado era en la caja que su padre guardaba en el fondo del armario de su habitación. {Recuerda, se le llama cu-rio-si-dad. Sí, sin agregarle 'morbosa'. Jesús, tan sólo tenía 7 años}. Adentro había cartas con palabras sucias, calientes y dulces, todas plasmadas sobre papel viejo, arrugado y amarillento, de las cuales no entendió ni una sola. Había también un listón, una botella vacía de perfume {tan, pero tan dulce, e intoxicante} y... una fotografía. {No, no era su madre; la chica de la foto no tenía los labios rojos y no tenía grabado 'puta' en la frente}.

Era una Brianna de nueve años. Nate tenía grabada esa imagen tras los párpados aún después de quemarla. ¿Por qué lo hizo? Sigue sin saber la respuesta. Quizá fue el cabello castaño enmarcando el rostro tan perfecto, o los finos labios rosas {no, no como los rojos; hubiese sido demasiado precioso, y quizá algo macabro}. O tal vez fue sólo el hecho de que se pareciera a Dante, o a él mismo. Sólo recuerda haber sentido náuseas, {y es que nadie podía ser tan hermoso, nadie, ¿entiendes? Pero él nada sabía a los siete años}. Y si en ese entonces no sabía aquello, tampoco podía haber llegado a imaginar que la belleza crece, al igual que lo hace el que porta el adjetivo con el que es calificado.

Y ahora estaban ahí, ambos; tan vulnerables, diferentes {y tan enfermizamente parecidos}. Los dos a punto de descubrirse ante el otro. Nate, de repente, se sintió... De acuerdo, ya ni siquiera sabía cómo sentirse al respecto. El labio inferior le tembló levemente cuando la vio sonreír por unos segundos. Ahí estaba de nuevo lo que a tanto le temía; aquello que hacía que le picaran las puntas de los dedos y obligaba a una voz susurrarle venenosamente 'hola, soy Brianna; no me conoces, y nunca lo harás' dentro de su cabeza. Ladeó un poco el rostro, mirándola, y por primera vez desde que puso un pie dentro de esa casa, le sonrió de la misma forma.

Cuando observó su reacción, casi rió, complacido. Sabía que la sonrisa mordaz que él había recreado era idéntica a la de ella. Llámalo enfermo, pero lo había comprobado antes, frente al espejo y tratando de descifrarla. Cuando él mismo se dio cuenta de que el gesto, aquel que destilaba burla y ninguna compasión, era el mismo en ambos, se dijo que algún día se lo mostraría a ella, ansiando desde ese momento ser testigo de su reacción.

Cuando supo que el impacto de su demostración había pasado, lentamente recobró la serenidad. Con ello sólo había querido hacerle saber que si ella jugaba sucio, {como ya sospechaba que haría}, él no se quedaría atrás.

Muy bien —dijo, recargándose en el respaldo de la silla. Volvió a tomar el tenerdor y empezó a girarlo entre los dedos una vez más, mientras se quitaba las gafas y las dejaba sobre la mesa, pensando. Le dedicó otra mirada a su media hermana {cielo santo, qué descortés suena eso, en serio}, y al ver cuánto le impacientaba tener que soportar el silencio en la que Nate la tenía esperando, soltó una suave risa, realmente divertido—. Vale, tranquila.

Volvió a inclinarse sobre la mesa, recargando el rostro ladeado sobre la palma de su mano. Sonrió de nuevo, ésta vez como él solía hacerlo, y entreabrió los labios.

¿Hay algo, por muy mínimo que sea, que te agrade de mí? Y no digas que no lo hay porque, vamos, no puedes despreciarme por completo —murmuró—. Yo no tengo nada que ver con los motivos por los que crees que no debería estar aquí. Y no te molestes, por favor, que hacerte enfadar es lo menos que deseo hacer ésta noche.

Ante su ceja enarcada, él suspiró.

{De acuerdo, Brianna, tú ganas.
Pero si te resulta más cómodo, cierra los ojos y sólo sonríe
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Brianna C. Jenkins el Vie Ago 05, 2011 2:18 pm

Ahí estaba otra vez, dignándose a guardar silencio mientras pensaba en la respuesta a su pregunta. Brianna se removió, incómoda, en su silla, sintiendo las puntas de los dedos de sus manos y pies picando por la necesidad de, sencillamente, hacer algo. Entrecruzó las piernas, luego las volvió a descruzar, taconeó un poco el suelo y se llevó algunos mechones de su cabello detrás de las orejas, los ojos siempre mirando atentamente a su hermano {medio hermano, Brianna, recuerda que es tu medio hermano.} Pero, a decir verdad, sonaba demasiado mal como para andarlo repitiendo por ahí, ¿verdad?

Cuando él habló, soltó un enorme suspiro y se relajó en su lugar. Observó cómo se quitaba las gafas y posaba esos ojos tan especiales sobre ella, ahora sin nada entre su persona y aquella mirada. Mantuvo el rostro firme, esperando con los brazos cruzados. No lo tratarás mal, se repitió, te lo has prometido. Al menos no durante lo que queda de esta noche.

Sonrió socarronamente ante el último pensamiento, rodando los ojos ante la manera en la cual Nate parecía divertirse por su impaciencia. Sí, vale, odiaba tener que esperar a hacer algo, ¿pero importaba? Podía ser paciente si así lo quería y, en ese mismo momento, no estaba siquiera planteado dentro de su compleja cabeza. Quería saber qué demonios quería llevarse Nathaniel con todo eso y, aunque recordaba a la perfección sus pensamientos anteriores, era consciente de la terrible curiosidad que la carcomía poco a poco, por dentro, mantuvo el rostro y los ojos firmes, intentando no expresar demasiadas emociones. Algunas se filtraban {estaba segura} pero probablemente hacía un buen trabajo.

Pestañeó cuando escuchó la respuesta. Tus ojos, se dijo a sí misma, moviendo únicamente los labios sin emitir sonido alguno. Pero luego sacudió la cabeza y sonrió, como si no hubiera dicho nada. Vale, esos momentos impulsivos podrían costarle caro si Nathaniel los presenciaba. No quería tener al chico detrás de ella mirándola debido a que le había confesado lo mucho que le gustaba esa mirada que él poseía.

Lo que sea. —Se encogió de hombros, refiriéndose a las últimas palabras. Sabía a la perfección que Nate era demasiado amable con ella como para desear enfadarla en ningún momento. El desprecio que sentía {y aún lo hacía} por él estaba fuera de su posible intervención. Era algo personal, de Brianna, y él se encontraba en la lamentable posición de que tenía que soportarlo incluso más que ella.

Se levantó y rodeó la mesa dando pasos lentos y alargados, prácticamente zancadas. Entonces se detuvo cuando llegó a su lado, se inclinó y tomó las gafas que él había dejado hacía unos segundos. Las observó, sosteniéndolas con precaución. Los lentes no podían estar más limpios. Luego lo miró y sonrió con malicia.

Tengo todo el día para pensar en la respuesta, ¿verdad? —preguntó, alzando las cejas mientras hablaba—. Vale, mi pregunta es la siguiente; ¿usas las gafas porque realmente las necesitas o sólo te agradan?

Se colocó las gafas sobre el puente de la nariz, demasiado lejos de los ojos como para que realmente le afectaran la vista. Ella nunca había necesitado nada como eso. En realidad, podía ver mejor que el resto de las personas, incluso de noche podía percibir las cosas a la perfección. Cosas de felino, suponía.
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Nathaniel Jenkins. el Vie Ago 05, 2011 4:02 pm


No estaba seguro del porque, pero siempre que Brianna trataba de mostrar indiferencia, la simple acción le provocaba a él una sonrisa. Sin embargo, no mostró gesto semejante. Porque aunque a los ojos de Brianna, Nate pasaba por ingenuo, no lo era en lo absoluto. Sabía lo que le convenía y cuándo le convenía, y gracias a ello había salido ileso de varios problemas. Nada grave, ya sabes, pues el chico mientras pueda evitar conflictos, lo hace. Como aquella vez en que Dante le preguntó que si debería considerar el hacerle una visita a Brianna. {Un conflicto enorme, así lo clasificó Nate}. Y la respuesta del chico, claro está, fue un encogimiento de hombros y un par de elegantes movimientos para abandonar la sala de estar. De nuevo, casi rió ante el recuerdo, pero se abstuvo de producir sonido alguno.

Volvió a observarla con atención, y se sorprendió un poco al notar que lo miraba directamente a los ojos. Sí, porque él ya no tenía puestas las gafas y ahora ambos podían apreciar sin barrera alguna y realmente los ojos del otro. Los de Brianna era de un azul impresionante, con algunos matices grises de los cuales Nate gustaba mucho. Eran ligeramente rasgados, lo que le otorgaba a su mirada un poco de felinidad.

Cuando llegó a la casa, Nate no dijo ni una sola palabra sobre el famoso virus, ni nada con lo cual pudiera relacionarlo. Sí, él era una bestia, pero, ¿qué había de Brianna? ¿También era una, o sólo una mutante? O también cabía la posibilidad de que siguiera siendo humana, {teoría en la cual él no confiaba mucho, siendo sinceros}. Tenía tantas ganas de preguntar, pero en ese entonces sabía que no debía. Estaba seguro de que la oportunidad perfecta llegaría, y ahora la tenia ahí, puesta sobre la madera de la mesa de la modesta cocina, regodeándose de gusto. {Tranquilízate, por Dios, ésto apenas ha comenzado}.

Cuando ella se acercó, no sintió necesidad alguna de retroceder. Brianna había dicho que esa noche lo trataría bien. Sin embargo, ¿por qué creerle esa vez? La respuesta abofeteó a Nate a sangre fría: él confiaba en ella. Aunque sabía que en el momento en que se descuidara, la chica literalmente podría, y si ella lo deseaba, apuñalarlo por la espalda. Pero a él parecía no importarle. Después de todo, oportunidades para deshacerse de él le había sobrado hasta esa misma noche, cuando estaban a treinta centímetros el uno del otro y ella elegía tomar todo un día para pensarse su respuesta. Nate asintió, complacido, pues la obtendría mañana, {más rápido de lo que podía desear, créeme}.

Antes de contestar a la que ella había planteado, se aclaró un poco la garganta. Observó cómo ella se colocaba las gafas, bizqueando un poco. Una de las comisuras de su boca se elevó en una volátil sonrisa. Suspiró, sin quitarle los ojos de encima.

Las uso por que me agradan —respondió finalmente—, pero, no sólo es eso. La gente, he notado, se siente incómoda cuando la miro. ¿Cómo lo supe? Por la misma cuestión, porque observo. Las gafas son como una especie de barrera entre lo que la gente quiere que vea y lo que yo quiero ver. Aún así y al traerlas puestas, veo todo con la misma claridad. Se trata tan sólo, también, de pasar desapercibido.

Tragó en seco, pensando a mil por hora cómo podría reaccionar Brianna ante su siguiente comentario; de todas formas, tomó aire y murmuró, aún sosteniéndole la mirada.

No es mi culpa tener vista de halcón.
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Brianna C. Jenkins el Vie Ago 05, 2011 7:12 pm

Las cosas se veían distorsionadas a través de las gafas, pero mientras oía el comentario de Nate se dio cuenta de que el aumento no era tanto como había esperando encontrar, de modo que era bastante fácil acostumbrarse a la sensación extraña de tener las cosas cercanas por un lado y alejadas por el rabillo del ojo. Pestañeó varias veces y miró a su hermano, todavía con las gafas puestas. Estiró los labios y se las quitó, dejándolas nuevamente sobre la mesada. Hicieron un ruido sordo al caer, quizás demasiado fuerte, pero no se rompieron {claro que jamás las rompería, muco menos luego de escuchar aquella respuesta.}

Se mordió el labio inferior, recargando la cadera contra la mesa y cruzando los brazos sobre su pecho. No habría esperando ninguna respuesta menor a esa mas, de igual forma, la confundía un poco y le asombraba al mismo tiempo. Nate era una persona tan diferente como parecida a ella y, no habiendo conocido muchas personas cercanas de esa manera tan extraña, conocerlo le causaba más interés del que le hubiera gustado. Cada respuesta que él daba era una especie de enigma {y quizás una lección} que oír con atención.

Entrecerró los ojos antes de hablar, demostrando su confusión sin ningún tapujo. No era de las que se escondían diciendo falsas respuestas para intentar demostrar inteligencia exagerada. Mucho menos frente a Nate.

¿Y por qué querrías pasar desapercibido? —cuestionó, buscando con afán expresiones en el rostro del chico que demostraran lo contrario, que en realidad no había contestado con sinceridad. No halló ninguna; o él decía la verdad o ella era una mala lectora de rostros—. Eso de que las personas se incomoden no te perjudica, ¿o sí lo hace? Quiero decir, tú puedes mirarlos todo lo que quieran. —Se encogió de hombros—. El hecho de que ellos sean los que se sienten mal no quiere decir que tú tengas que ponerte una especie de máscara para resultarles más agradable. Yo no lo haría, al menos. —Se encogió de hombros, para luego sonreír y alzar ambas manos frente a su rostro—. Pero oye, no estoy juzgándote. Para ti esas razones sonarán tan razonables como estúpidas para mí.

Se volvió a la cocina y se sirvió un vaso de agua rápidamente, intentando saciar la sed. Entendía perfectamente lo que él decía; ¿acaso a ella no le encantaban esos ojos? No obstante, Brianna no se sentía cohibida al mirarlos. Y si así era, lo disimulaba. Nunca dejaría que la vieran de esa forma y nunca se aceptaría a sí misma bajar la vista por vergüenza.

Cuando oyó el último comentario tragó con fuerza el último sorbo y se giró para mirarlo frente a frente, ambas cejas fruncidas.

Oh, ya —masculló—. Para ya con eso. Basta de ejemplos de animales. —Rodó los ojos—. Te ves como un halcón y es verdad. Ahora dime por qué.
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Nathaniel Jenkins. el Sáb Ago 06, 2011 3:07 am


Sonrió. Nate verdaderamente sonrió al escuchar sus palabras. Se suponía que el que se estaba muriendo de curiosidad ahí era él, y sin embargo, apenas llevaba una respuesta y Brianna ya había formulado, inconscientemente, más preguntas.

Quizá no de manera directa, pero cuando él hace una pregunta y ésta le es contestada, siempre desea cuestionar esa misma respuesta, generando aún más dudas y preguntas. Es como un círculo vicioso. Un vicio en sí, pues. Y mejor tener ese que uno peor, justificaba siempre Nate. Además, preguntar no es pecado. Lo que podría resultar serlo es, muchas veces, la verdad. Todos lo saben: la verdad no mata, no peca, pero definitivamente incomoda. Tampoco es como si la gente dijera siempre la verdad, sabes, y el chico tenía experiencia en ello.

{Sí, digamos que ha mentido un par de veces en su vida}.

Pensé que el trato era una pregunta por noche —comentó informalmente, la diversión tiñendo el tono de su voz. Sonrió de lado al ver cómo Brianna rodaba los ojos. ¿Por qué le irritaba el hecho de que se le corrigiera? Bueno, esa había sido una pregunta estúpida: incluso él se molestaba cuando lo hacían. Suspiró.

No se trata... De ser más agradable o no. Tampoco de hacer lo que los demás ordenen para sentirse mejor, no. Es, como ya dije, para pasar desapercibido. Para que no me noten. Porque el que se sientan incómodos no me perjudica en lo absoluto; es más, ni siquiera pienso en ello. Antes, menos que ahora.

Volvió a mirarla, y su puso de pie, justo frente a ella. Aunque Brianna era mayor por dos años, Nate le ganaba en estatura por unos cuantos centímetros. La miró desde arriba, directamente a los ojos, tan profundamente que podía observar el reflejo de los propios en las negras pupilas de Brianna.

Mírame —murmuró, aún cuando sabía que ya lo estaba haciendo—. ¿De verdad no tienes una mínima idea del porqué?

Se acercó un poco más, y retrocedió en cuanto supo que se estaba excediendo. Como aquella mirada no sería suficiente, y Nate no quería perder tiempo hablando, le dio la espalda, quitándose la delgada playera azul marino y dejando al descubierto el gran tatuaje que adornaba el área de su espalda que estaba entre los omoplatos. Volvió a vestirse después de unos minutos, tensando un poco la mandíbula.

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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Brianna C. Jenkins el Sáb Ago 06, 2011 6:32 pm

Rodó sus ojos suavemente cuando escuchó aquél comentario. Quizás esas eran las reglas, pero siempre decían que las normas estaban hechas para romperse y, además, Brianna no estaba dispuesta a quedarse con las dudas hasta el día siguiente. Era obvio que una respuesta atraería más preguntas y así sucesivamente, de modo que lo hacían a su modo o estaban dos años enteros respondiéndose una cosa por noche, hasta que el juego perdería la gracia. Pero por un momento ahuyentó esos pensamientos y se deleitó de la mirada divertida en los ojos de Nate. Verlo alegre, con los ojos brillando de diversión, le provocaba un leve cosquilleo en todo el cuerpo. No estaba segura de qué era, y tampoco podía perder tiempo buscándole un nombre a aquella sensación. Simplemente lo sentía y ya.

Dejó el vaso suavemente sobre la mesada, escuchando el sonido del vidrio al golpear sobre cerámica. Su rostro adoptó con una mueca despectiva que lo adornaba siempre que pensaba críticamente en algo, con profundidad.

Seguía sin comprenderlo, aunque al mismo tiempo lo entendía a la perfección. Sencillamente Nathaniel no quería que la gente se percatara demasiado de su presencia. Pero eso a Brianna seguía resultándole absurdo. La gente te veía de igual forma, ¿no? La causa de estos pensamientos es que esta joven siempre se las ingeniaba para que la gente le prestara atención, así lo quisiera o no. Su presencia, sencillamente, atraía a las personas, incluso cuando ella sólo quería repelerlas. A veces la gente quiere arriesgarse e intentar tener lo que no puede. Lo mismo sucedía, en este caso, entre Brianna y Nate. Ella seguía sintiéndose incómoda en su presencia, con las memorias que la misma acarreaba, pero al mismo tiempo quería conocerlo con la misma necesidad que él quería conocerla a ella. Masoquista, quizás, a su modo.

Sigue siendo innecesario, para mí —dijo al fin.

Cuando él se acercó, se puso tensa. No debido a la cercanía {el concepto de espacio personal apenas era existente para Brianna, que no poseía absolutamente nada de tacto para las cosas, puesto que las hacía y ya}, sino a la mirada seria que él le estaba dirigiendo. Y también debido a las palabras. Estaba muy al corriente del mundo en el cual vivía {cómo no} y la curiosidad sobre si Nate también lo estaba no era insignificante, pero aquellas palabras no hacían más que causar más sospechas.

Claro, las sospechas se volvieron certeras cuando le enseñó el tatuaje.

Su mirada recorrió las finas líneas negras con lentitud, haciendo caso omiso al hecho de que Nate no estaba en lo absoluto fuera de forma. Un águila le devolvía la mirada, tan realista que Brianna pensó que en ese momento se despegaría de la piel y saldría volando de la habitación. Pero el tatuaje no hizo movimiento alguno y ella se dio cuenta de que en los ojos del águila misma veía los de Nate. Idénticos e, incluso, igual de penetrantes.

Y luego las palabras.

Brianna, claro, no iba a quitarse la camiseta. Había serias diferencias entre ellos que le impedían hacerlo, claras eran. Pero ella no iba a tomarse tantas molestias como para responder a esa pregunta. Cerrando un poco los ojos, concentrándose apenas un poco {tantas veces lo había vivido que hacerlo era casi automático}, sintió sus orejas estirarse. Llevó una mano a la cabeza por instinto y se rascó la ahora peluda superficie donde segundos antes se había encontrado una simple oreja humana. Ahora dos de las mismas gatunas se alzaban sobre su cabeza, demasiado largas para ser las de un gato normal, y se movían cómicamente hacia delante y atrás, captando todos los sonidos que los rodeaban. Brianna oía cada mínimo soplo del viento e incluso la respiración de su hermano.

Abrió los ojos y sonrió abiertamente ante su expresión.

Supongo que compartimos más que la mitad de nuestra sangre.
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Nathaniel Jenkins. el Lun Ago 08, 2011 9:23 am


Nate no estaba seguro de qué esperar. Pero de lo que sí estaba seguro, o al menos esperaba, era que Brianna no lo imitara, porque entonces tendrían problemas. {Bueno, y es que eso ya, también, dependía de ella}. Porque claro, había ciertas cosas, como hermano y hermana que acababan de reencontrarse {diablos suena tan... cursi, o algo así} y que, vamos, prácticamente no se conocían, que todavía no podían darse el lujo de requerir esa aún inexistente confianza que había entre ellos. Además, Nate era un muchacho educado. Claro, había estado con chicas antes, pero Brianna era su hermana y, como tal, tenía que respetarla.

{Bree, te prohíbo quitarte la blusa. Hablo en serio; es una orden directa}.
Sí, estúpido, sobre todo porque eres el mayor.

Esperó en silencio su respuesta. Sin embargo, y como siempre, terminó sorprendiéndolo. Observó cómo las orejas de la chica comenzaban a cambiar lentamente, alargándose hacia arriba, hasta formar dos perfectas orejas de gato; no, era algo más complicado. Eran aún más largas, con un pelaje rojizo que lucía tan agradable al tacto que lo primero que hizo Nate fue elevar lentamente la mano, y la acercó, rozando el pelaje con la punta de los dedos, y sintiéndo cómo se movían ligeramente, captando hasta el más mínimo sonido. Maravillado, rascó con suavidad detrás de la oreja por unos segundos, apartándose después.

{No, Bree, compartimos más que eso. Además de la misma sangre, la misma suerte, sabes, tan desgraciada; el mismo padre y tenemos casi el mismo tono de cabello. Oh, y los macarrones; lo recuerdas, ¿cierto? Los que creíste que había preparado para obtener algo de ti. Y mírame, no tenía nada antes de ésto, y ahora ambos estamos vacíos, helados.

Dos bonitos cadáveres que comparten, también, el mismo apellido
}

En ese momento todo tuvo sentido. Las miradas tan filosas y felinas de Brianna; el hecho de que fuese tan aseada, su gusto por los platillos que incluyeran pescado {claro, siempre es mejor lidiar con una mujer cuando no está hambrienta; les habla aquí la voz de la experiencia}, y el hecho de que fuese tan sigilosa y grácil al caminar. Soltó una risa, asombrado. Pero había otro detalle. Y hablando en términos prácticos: ella era... un gato. Y Nate un ave. Frunció ligeramente el ceño, sonriendo de lado.

Creo que no me va el papel de Piolín —murmuró—, excepto quizá por la frase 'me pareció ver un lindo gatito'.

Y realmente complacido, escuchó por primera vez la suave risa de Brianna, la cual repiqueteó en sus tímpanos incluso después de los volátiles segundos que duró el sonido.
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Brianna C. Jenkins el Lun Ago 08, 2011 11:26 pm

Era extraño. En el real sentido de la palabra, no ese extraño que la gente utiliza para describir una situación porque en realidad no tiene ni la menor idea de cómo se siente en verdad. Brianna sabía perfectamente cómo se sentía en ese momento y, con total sinceridad, podía decir que aquello era un momento extraño, de aquellos que difícilmente iban a repetirse. Especialmente porque, bueno, ¿quién en su sano juicio iba a decir que una persona conseguiría llegar al punto de acercarse y, bueno, rascarle detrás de las orejas como si se tratara de un verdadero gato doméstico? Ni en sus más profundos sueños. Y mucho menos si esa mano era la de Nathaniel.

Pero la sensación era agradable. Brianna sintió cómo todo su cuerpo se estiraba, las articulaciones literalmente queriendo despegarse las unas a las otras y los músculos volviéndose elásticos, o al menos daba esa sensación. El cosquilleo detrás de las orejas parecía viajar por todo el cuerpo y cerró los ojos, frunciendo un poco los labios, dejándose llevar un segundo por esa sensación. Suponía que todos los animales de ese estilo lo hacían. Y no veía razón para negarse; era tan placentero, por poco tiempo que durara.

Y luego soltó un ronroneo.

Brianna dio un respingo y se tapó la boca con una mano, los ojos muy abiertos. Nathaniel la miraba y sonreía. Reía con serenidad. Brianna rió con él {no le preguntes por qué. Mucho por su comentario, mucho por su reciente actuación, mucho por la ironía que recientemente los envolvía, mucho porque de la nada las cosas parecían haberse puesto brillantes y cualquier tipo de mal sentimiento había desaparecido}. Y no era como si pensar en ellos los devolviera de inmediato. ¿Quién decía que no se podía ser totalmente irracional por un rato?

Todo tiene sentido ahora —dijo, imitando el tono bajo de su voz—. Bueno, al menos la gran parte de las cosas. Conque un ave, ¿verdad? ¿Y vuelas como una? ¡Diablos! ¡Un día debemos intentar lanzarnos del tejado a ver quién cae mejor! —Alzaba la voz a medida que soplaba las sílabas, a una velocidad sorprendente, y los ojos le brillaban. Quizás demasiado.

Se acercó y, suavemente, golpeó la cabeza del chico como quien comprueba una nuez hueca.

Y ahora entiendo, sin mucho problema, por qué siempre he sentido la necesidad de llamarte cerebro de pájaro en mis pensamientos, aunque no lo tengas. —Se encogió de hombros—. Supongo que era el instinto. ¿Desde cuándo lo sabes? ¿Cuándo te convertiste por primera vez? —Hizo una pausa, ladeando la cabeza y dejando que algunos cabellos se deslizaran por su rostro suavemente. Ahora que lo notaba, estaban cerca, y Nate era mucho más alto, pese a que ella era dos años mayor. Brianna no se sentía mal con su estatura, pero tener que alzar la vista para mirar fijamente a alguien le resultaba curioso, en lo absoluto molesto. No era de las que se molestaban por cosas tan nimias como aquellas. Pero es no iba a decir que no lo intentara, ¿verdad? Se puso de puntillas, facilitando un poco la tarea de mirarlo. Los ojos seguían igual de penetrantes. Daba la sensación de que traspasaban todo su cuerpo y podían ver en su interior como si no feura más que agua transparente. Pero al menos ahora entendía la razón de aquella mirada y ahora no estaba para nada inquieta {un segundo, ¿acababa de confesarse que la mirada de Nate la inquietaba?—. Eres menor que yo. Debió haber sido cuando eras muy joven.

¿Dante lo sabe, Nate?
¿Dante sabe que su hijo {sus hijos} está muy lejos de ser normal?
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Nathaniel Jenkins. el Miér Ago 17, 2011 1:19 am


Las veces en las que Nate llegaba a pensar que la humanidad es estúpida eran realmente insólitas. O al menos no seguidas. Y es que, bueno, tú debes saber que razones no faltan para calificarla así. Una de ellas, y bajo la que más se excusaba Nate, era el hecho de que la gente dice cosas sin siquiera llegar a saber si son verdaderas. Hay otras que no tienen fundamento, o son simples tonterías dichas al azar y que suenan fascinantes porque son contadas bajo palabras extraordinarias. Bah, simples tonterías. Como aquella que dice que al morir, toda tu vida pasa ante tus propios ojos. Rodó los ojos mentalmente, tratando de no empezar a negar con la cabeza. La verdad es que tú puedes rememorar tu vida las veces que sean y cuando lo desees, ya sea voluntaria o involuntariamente.

En el caso de Nate, en ese momento él no tuvo la oportunidad de escoger qué quería recordar.

Sus primeros años al lado de su padre, siempre criado encerrado bajo llave en cuarto, pues las niñeras nunca fueron de su agrado. Los montones de libros y enciclopedias haciéndole compañía, mientras la música indie se hacía cada vez más adictiva. La escuela, los pocos y verdaderos amigos, las tantas notas que decían 'estaré esperándote detrás de la escuela, ya sabes, por si quieres charlar un rato' por parte de algunas niñas... La llamada a Brianna y las semanas que pasó pensando en ella, y en cómo sería conocerla y hablar con ella. Y después, ¡bum! El día en que supo ya no había marcha atrás. No había dejado nada de utilidad detrás de él, ni una sola cosa que pudiera salvarlo de aquella cosa. Tenía sólo 14 años.

Sólo 14.

Tuvo que apartar la mirada de la de Brianna, que se había vuelto inquisitiva y le taladraba entero con aquella sed de curiosidad. Se volvió hacia la puerta trasera, respirando profundamente. ¿Debía contestarle? {¿qué, de qué hablas? ¡Claro que era justo considerar aquello! Después de todo, la chica ya había hecho más de una pregunta y no era así como funcionaba el juego}. Cerró los ojos un momento, tratando de concentrarse. Bree merecía la verdad. Si ella planeaba no ser sincera con él, ya no le importaba: él quería decirle todo sobre todo. Quería que ella lo conociera desde el fondo, sin interesarle las posibles consecuencias. {Lo sentía tan fuerte y tan profundo; como una maldita y desgraciada necesidad, ¿entiendes? Bueno, eso}.

La encaró lentamente, encontrándose aún con su mirada llena de hambre de saber. Exhaló por lo bajo, tomando asiento de nuevo, mientras tamborileaba los dedos sobre la mesa y pensaba en distintas formas de contestarle. Chasqueó la lengua, levantándose de nuevo para llenar con agua el vaso vacío en el cuál su hermana había tomado hacía unos momentos. Tomó un rápido sorbo del refrescante líquido, y sin sentir resecas las paredes de la gargata, la miró tranquilamente.

Tenía 14 cuando ocurrió —dijo—. Dante estaba por salir de nuevo a un viaje de negocios, pero antes le di a firmar unos papeles de enmancipación —tomó asiento, recargándose en el asiento de la rígida silla, mientras observaba cómo la chica de cabello castaño volvía a sentarse frente a él al otro extremo de la mesa—. No los leyó, jamás supo de qué se trataban. Simplemente le dije que eran para la escuela. Un día después se fue, y no volví a verlo. Me mudé a un pequeño apartamento en la misma ciudad, sólo mientras reunía la suficiente información como para salir a buscarte —murmuró, jugando con un fino hilo suelto de su playera—. Una semana antes de venir a Ciudad Gris... pasó. Un día desperté, tenía plumas en las manos y en todo el cuerpo. Traté de suicidarme, pero al saltar de la ventana del apartamento, terminé de convertirme en halcón y volé. Volé durante días. Al regresar, tomé mis cosas y vine aquí rápidamente. Y después... te encontré. Te vi, y desde entonces las cosas parecen haberse calmado.

Inspiró, llenándose los pulmones con aire, mientras la miraba, expectante ante su reacción a todo lo que le había dicho.

Al menos en lo que a mí respecta —dijo, mientras una leve ironía elevaba una de las comisuras de su boca.
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Re: They were crying. → {Brianna}.

Mensaje por Brianna C. Jenkins el Sáb Ago 20, 2011 4:06 pm

Brianna escuchó todo con el rostro impasible. ¿Quién decía que la gente tenía que demostrar las emociones en el momento exacto en el cual se producían, correspondientes al ritmo de lo que escuchaban? El interior de la joven bullía de sentimientos, tan confusos que ni siquiera podía asignarles un nombre pronunciable a todos ellos, a cada uno. Pero su rostro jamás había sido demasiado expresivo cuando así lo deseaba, y en ese momento se veía como una chica insensible ante una historia que, en realidad, la conmovía por dentro. ¿La razón? No le gustaba que la gente pensara que ella era débil. No le agradaba que pensaran que ella era una de aquellas personas capaces de emocionarse por cualquier cosa; básicamente, no quería que creyeran que ella era, sencillamente, una persona. Cosa difícil, pero que la mayoría del tiempo funcionaba, especialmente si quería alejar a las personas. ¿Quién hablaría con alguien a quien nada parece importarle de verdad?

Pero, ¿acaso ella quería alejarse de Nate? Su hermano, tenía que aceptarlo, no importaba que sólo fuera la mitad de ello. Compartían sangre, compartían familia, aspecto e incluso algo de personalidad; era imposible negarlo, por mínimas que fuesen las evidencias. Nate era su hermano y aunque aquello le produjera dolor, había que vivir y aguantárselo. No era de las personas que huyen de los problemas. Al contrario, Brianna los enfrentaba sin esperar las consecuencias y, asimismo, enfrentaba las consecuencias como a quien nada le importa más en el mundo que vencer. Así que, ¿por qué se sentía tan extraña, tan poco cómoda y al mismo tiempo sumamente feliz con la presencia de Nathaniel a su lado?

{En su vida.}

Tardó más tiempo del normal en darse cuenta que él ya había terminado de relatar su historia. Brianna pestañeó varias veces {no para ocultar las lágrimas, claro que no, ésta siquiera existían, sino para intentar quitarse aquella sensación de estupor que tenía.} Debía comprender que él tenía dos años menos que ella. A veces era difícil notarlo, teniendo en cuenta que Nate era más alto y quizás algo más maduro que ella, pero la edad no mentía y aunque muchos dijeran que no se medía por los años vividos sino por la madurez de aquella persona, tener veinte años y tener cuarenta años eran cosas muy diferentes. Incluso si no eran veinte sino dos de diferencia, había cosas distintas, puntos de vista o sensaciones que comienzan a vivirse a medida que se crece.

No podía siquiera imaginarse a un Nate de catorce años conviviendo con aquello. Con el tiempo uno se acostumbraba {era una obligación hacerlo, a menos que se quisiera vivir toda la vida asustado de uno mismo}, pero todos, sin excepción, se asustaban al principio. Cuando uno despertaba convertido en otra cosa, algo completamente diferente, cualquiera saldría huyendo de allí, queriendo arrancarse la propia piel y volver a su aspecto original. Así le había sucedido a ella y a todas las bestias que probablemente rondaban ese mundo. No obstante, había tenido más de dieciocho cuando eso le había pasado. Nate había tenido catorce.

Ajena a sus propios movimientos, incluso a su cuerpo, se acercó a Nate y lo rodeó con sus brazos. Nunca había sido de esas personas que expresaban mucho afecto, mucho menos mediante abrazos o cosas por el estilo, pero en ese momento su cuerpo actuaba por sí solo. Abrazó a su hermano durante unos pocos minutos, queriendo trasmitirle fuerza y comprensión, hasta que finalmente se separó. Quedándose a unos pocos centímetros de él, le sonrió; esa sonrisa gatuna que decía «Oye, Nate, ahora estás aquí. Disfruta del momento, que aquello ya pasó.»

{Ahora estás conmigo.}

Tu sinceridad —habló, y aunque estaba segura que él tardaría un poco en darse cuenta a lo que se refería, continuó—. Lo que más me gusta de ti es tu sinceridad. En realidad, me gusta todo de ti; tu personalidad, tu aspecto. La manera en la cual miras a las personas con esos ojos tuyos, tan propios de ti, y la manera como hablas cuando estás tan tranquilo que me pones furiosa.

Rió suavemente, diciéndose a sí misma que se estaba volviendo loca. O su hermano la estaba volviendo loca, contagiándole cosas raras que la hacía verse así de extraña para sí misma. Pero, realmente, ¿importaba?
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Re: They were crying. → {Brianna}.

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