Hace unos años, un virus comenzó a recorrer las calles de una ciudad peculiar, perdida en el mundo, llamada Ciudad Gris. Una urbanización de tamaño moderado, familias típicas, días típicos (aunque muy lluviosos.) ¿Quién iba a pensar que una epidemia iba a saltar y convertir a las personas infectadas en muertos vivientes? (...)
Las poblaciones cercanas a Ciudad Gris han sido evacuadas y, las que no, tienen las mejores defensas que uno puede imaginar. Hay agentes, hay cazadores, hay científicos, hay mutantes, hay bestias... e incluso hay fantasmas.
El Gobierno ha comenzado a actuar. ¿Su próxima acción? Matar a todos los mutantes y evitar que el virus se convierta en lo que muchos temen; el fin de la humanidad.
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I'll never let you go, if you promise not to fade away [Tom]

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I'll never let you go, if you promise not to fade away [Tom]

Mensaje por Scarlett Grimaldi el Lun Dic 19, 2011 4:25 am

Se conocía. Siempre supo que lo que pronto sucedería era inevitable. Porque Tom no era cualquier chico. Y no le podía seguir mintiendo. No a él. No, mierda, ni siquiera intentes mencionarle cuán cursi suena aquello sino quieres una patada en tu sedentario trasero.

Enloquecería, si bien no lo había hecho ya. La noche anterior había tomado la decisión mientras releía la canción que alguna vez le había ayudado a nombrar. Si cerraba los ojos y se concentraba un poco, podía escucharlo susurrándole la letra al oído con su increíble voz. El solo pensamiento robó un patético suspiro de sus labios. ¿En serio? ¿Qué mierda le había hecho Thomas? ¿Acaso se dedicaba a la brujería en su tiempo libre? Eso explicaría los recurrentes pensamientos sobre él unas no-es-de-tu-maldita-incumbencia veces al día.

Es decir, ¿cómo es que podía rebanar algunas gargantas sin apenas parpadear y no tener la capacidad de obligar a su mano moverse para tocar el jodido timbre de la casa de los Hawkins? Afortunadamente -no en realidad-, la puerta se abrió y quiso saltar sobre Blake al verla, con aquellos ojos verdes destellando la vitalidad que ya le era familiar. ―¿Estás de salida, hermosa?― sonrió mientras la chica se hacía a un lado para dejarla pasar. ―Joder, ¿a dónde queda la tarde que planeábamos pasar? Siempre es lo mismo, Blake. Llego, te vas, y debo ahogar mi frustración sexual en tu primo.

Si quieres un puñetazo en tu no tan lindo rostro, solo atrévete a preguntarle si le agradaba Blake. ¿En serio, amigo? Es decir, sólo mírala. Además, joder, la chica era caliente. Intercambió algunas pocas palabras antes de que la soledad fuese su única compañía en esa casa. Greg se encontraba comprando algunos materiales para el taller en compañía de Danielle. Blake se iba a no-sé-donde-demonios-y-creo-que-ella-tampoco-lo-sabe. Y Tom, esperaba que llegase pronto.

Subió hasta su habitación, entró al baño para darse un rápido vistazo y también para pedir interiormente que no se viese tan enferma como se sentía. Caminó por la habitación del chico. Nada.

'Tom, desde que te conocí te he mentido. Mato mutantes porque tengo un maldito trauma y Desmond no está ni cerca de ser mi hermano' Oh, mierda, ¿realmente era tan malo? Finalmente, Morfeo fue el único que supo cuantas diferentes formas creó para decirle la verdad a Tom (ninguna aceptable), pues el cansancio la venció y su única compañía fue el olor del chico grabado en su almohada.


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Re: I'll never let you go, if you promise not to fade away [Tom]

Mensaje por Tom Hawkins. el Miér Dic 21, 2011 6:24 pm

Había momentos en que los chicos podían llegar a ser verdaderamente insoportables. Más cuando Jim empezaba con todo el relajo. Después seguiría Vince, y una vez entrado en confianza, Julian terminaría por ser el que más se lo acababa. Claro, cuando comenzaban con su escándalo y sus burlas, Tom sólo rodaba los ojos y sonreía divertido ante el poder decir tantas estupideces por segundo. Pero cuando se cansaba y en verdad quería callar a los tres, sólo los mirada y decía 'al menos yo estoy saliendo con alguien'. Y aunque no sabía si "salir" era el término correcto, por lo menos servía para cerrarles la boca. Como aquel día, en que Tom necesitó salir de un ensayo temprano porque debía pasar a comprar un medicamento para el abuelo Greg y la farmacia cerraba temprano. Cuando anunció que se marchaba, los "¡Uuuuh!" y los ridículos sonidos de besos comenzaron a sonar en el aire. Rodó los ojos, no dijo nada, y tomó su guitarra para salir de ahí.

Mientras salía de la farmacia, de nuevo se econtraba pensando en si 'salir' era la palabra indicada. Quería a Scarlett. Los últimos meses con ella habían sido de los mejores, de eso estaba completamente seguro. Lo que tenía un poco intranquilo era... lo que eran en sí. ¿Novios?, él quería eso, sí. Por supuesto que sí. Era sólo que, llegados a ese punto, no sabía si sería adecuado replantearlo o dejarlo implícito. Se pasó una mano por el cabello mientras caminaba sobre la acera de la calle donde vivía. Por poco y tropieza con su prima, quien se despidió de él con un beso en la mejilla después de decirle que alguien lo esperaba en casa. tom frunció el ceño; que él supiera, ese día no esperaba a nadie. Y como la curiosidad siempre supo aprovecharse de él, corrió hasta la casa para averiguar de quién se trataba.

Resopló al entrar y encontrar el lugar desierto. Dejó la caja de pastillas sobre la mesita del recibidor, justo a un lado de la nota del abuelo donde decía que llegaría más tarde, después de su partida de poker. Tom sonrió de lado, subiendo pesadamente las escaleras hasta su habitación. Abrió la puerta un poco, deteniéndose en seco al oír cómo algo sobre su cama se movía. Echó un rápido y discreto vistazo, y en cuanto sus ojos captaron una rubia cabellera, supo de inmediato de quién se trataba. Sonrió aún más, entrando en completo silencio. Dejó la guitarra en su lugar y se quitó la chaqueta y los Converse. Podía sentir cómo el suelo alfombrado ahogaba sus pisadas. Subió lo más cautelosamente que pudo a la cama, tratando de no despertarla, y se recostó a su lado, mirándola dormir. Se permitió dibujar superficialmente las líneas de sus bellas facciones sólo con las yemas de los dedos, adorándola.

Su ceño casi siempre fruncido se encontraba relajado en su totalidad. Las sombras lilas sobre sus párpados eran las cosa más delicada jamás vista, y sus labios rosas, ligeramente entreabiertos, lucían más preciosos que nunca. Se veía tan vulnerable, tan frágil. Tom se acercó más. Pudo sentir cómo al dulce aliento de la chica le golpeó el rostro al suspirar entre sueños. Se inclinó sobre su frente, depositando un suave beso en su tersa piel. Cuando la sintió despertar, le sonrió de lado.

Hola, hermosa ―susurró.
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Re: I'll never let you go, if you promise not to fade away [Tom]

Mensaje por Scarlett Grimaldi el Vie Dic 23, 2011 5:42 am

Alguna vez había escuchado una frase de un poeta... Uh, de alguna nacionalidad, que decía algo como: Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar. La frase llegó a su mente cuando el sueño se alejó de ella y sintió los labios de Tom besar su frente con suavidad. ¡Oh, santísima ironía, lárgate de mi camino antes de que patee tu burlón trasero! Quizá debió haber tomado algún montón de pastillas antes de haberse recostado sobre su cama, así despertar no habría sido mejor que soñar, ni mejor que nada. ¿Sería extraño si saliese corriendo en ése momento? Probablemente.

Esbozó una débil sonrisa, alguna vez se había imaginado cómo sería... ya sabes, que Tom la... despertase. ¡Ya, joder, lo dijo! ¿Contento? Sabía que debía cambiar el canal rápidamente cada vez que alguna serie/película/novela con contenido amoroso demasiado cursi para la salud iluminaba la pantalla, pero no lo hacía y he ahí salían a relucir las consecuencias. ¿Ser despertada por la persona a la que quieres? ¿No es eso demasiado... cliché? Pero al vivirlo debía admitir que resultaba... agradable, incluso quizá hasta bonito.

De acuerdo, Scarlett, abre tus malditos ojos. ―¿Blake? ¿Por fin te has desecho de Tom?― murmuró mientras sonreía y alzaba la mirada hacia él y se estiraba un poco para depositar un casto beso en su mejilla, cerca a los labios. Por un momento, durante una peligrosa milésima de segundo, quiso girar un poco el rostro y haber unido sus labios con los de él. Pero no podía hacerlo. No cuando aún no era sincera con él. No con lo que tenía por decirle. ―Lo siento, pensé que tenías ensayo y tardarías más. Tienes suerte de que he despertado de buen humor― suspiró y con un brazo rodeó la cintura del chico, enterrando el rostro entre su mentón y su pecho y aspirando el olor de su piel. Vete a la mierda, quizá ésta podría ser la última vez que tuviera la oportunidad de hacerlo. ―Tom... tenemos que hablar.

Y dicho ésto se separó de él, irguiéndose y apoyándose sobre sus rodillas en la cama. No sabría decir si fue el movimiento o la sensación enfermiza asentada en su estómago lo que la mareó. Lo cierto es que pocas veces se había sentido tan mal. Bajó la mirada a las temblorosas manos en su regazo y sonrió de lado, no quería alterarlo a él también. ―Tranquilo, no estoy embarazada, al parecer todos nuestros intentos han sido infructuosos. Y tampoco haré ningún comentario sobre tus medias de carritos, ¿en serio, Thomas? ¿Carritos?

Quizá el comentario no había sido tanto para calmarlo a él, sino para prolongar la conversación, o confesión, o lo que fuese. Y supo que si no lo hacía ahora, entonces no lo haría nunca, así que simplemente lo dejó ir. ―Hace algunos meses te comenté algo sobre mis padres, ya sabes, que habían muerto; pues bien, no te dije la historia completa― Se forzó a sostenerle la mirada mientras hablaba, aunque eso no remediaba el temblor de sus manos ni que sus ojos se empezaran a llenar lentamente de lágrimas. ―Desmond vivía en mi vecindario, un día solo... salí a jugar con él, y cuando volvimos a casa mis padres estaban totalmente destrozados, sabes, nunca en mi vida, ni siquiera en las más bizarras películas de terror había visto algo como eso. Si te dejabas guiar por lo que veías, nunca los habrías reconocido, algunos mutantes los convirtieron en algún amorfo pedazo de carne. Pero yo sabía que eran ellos― Tuvo que detenerse pues dudaba que sus palabras fueran claras entre sollozos. Respiró profundo una vez y continuó, alejando la imagen de la escena a un recóndito y olvidado lugar de su mente. Justo donde pertenecía. ―Desmond estuvo allí para mí, no dejó que me rompiera, no me dejó caer, porque él lo entendía, él pasó por lo mismo. Él... él no es mi hermano, Tom. Nunca lo fue, lo he besado, eso es lo que necesitas saber. Me propuso que nos dedicaramos a matar mutantes, dijo que así sería más fácil sobrellevar la perdida, el dolor. Eramos muy pequeños.

Y ahí fue cuando se rompió. Bajó la mirada, no quería encontrar lo que temía que él sintiera hacia ella. No podía. Limpió las lágrimas que bañaban su rostro y habló de nuevo, ésta vez en murmullos. Mierda, era demasiado. ―Hola, soy Scarlett, asesina por excelencia, mentirosa en potencia y... De verdad siento todo ésto. Sólo pensé que merecías saber la verdad porque... te quiero, Thomas, y mereces algo mucho mejor que ésto. No espero que me perdones, yo sólo... Quizá tenga algo positivo, sabes, podrás escribir una canción acerca de la perra mentirosa que pudiste alejar a tiempo.

Ya. Eso era todo. Ahora solo necesitaba oír el ácido en su voz, un: 'Jódete, Scarlett' tal vez, así sería más fácil -no en realidad- olvidarlo.
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Re: I'll never let you go, if you promise not to fade away [Tom]

Mensaje por Tom Hawkins. el Sáb Dic 24, 2011 2:07 am

Cuando le preguntas sobre sus mayores miedos, se quedará pensando durante horas porque, en realidad, nunca se ha puesto a pensar en ello. Podría decirte que le tiene miedo a Blake estando enojada o a Zoe {su jefa en Hot Coffee} cuando llega tarde al trabajo. Le tiene miedo a los incendios desde que tuvo que reconocer el cadáver quemado de su padre cuando murió en uno. Le tiene miedo a los ataques de tos del abuelo y a su padecimiento del corazón. También siente miedo a perder a algún ser querido. Pero sobre todo le había tenido mucho pavor a su abuela, mujer estricta y de fuerte carácter, que aunque ya no se encontraba viva, a veces Tom creía que llegaría el día en que ella regresaría a jalarle las orejas desde donde quiere que hubiese estado durante tanto tiempo. Y quizá muchos de estos temores te parezcan absurdos {y es que en realidad no son muchos, la verdad} o carentes de sentido, pero es que en serio, él nunca se pone a pensar a lo que debe temer. Además, el abuelo siempre solía decir: miedo tienes si así lo quieres. A lo largo de su vida e inconscientemente, se había dejado regir por esa línea.

Pero si había algo que había aprendido, era a temerle a las mujeres, y a no subestimarlas. Su primera lección se la había dado su abuela, y de ahí, todas las chicas con las que había salido. En Ciudad Gris, Anne se lo había recordado y Scarlett había afianzado eso. Podías esperar cualquier cosa de una mujer, no importaba cuán absurdo podía resultar, pero ellas podían hacerlo suceder. En serio. Mujer era sinónimo de cualquier cosa puede pasar. Pero cuando una de ellas decía las palabras 'tenemos que hablar', era entonces cuando verdaderamente debías sentir miedo.

Pero ahora, estando ahí en su habitación, escuchando a Scarlett contarle una historia que no contó completa desde el inicio, mientras veía las lágrimas enmarcar su precioso rostro, supo que jamás en su vida hubiera sabido cómo tomar aquello que le estaba diciendo. Se mantuvo callado todo el rato. No se movió, no pestañeó. No hizo ademán de hablar o de querer decir algo. Simplemente se quedó allí, escuchando, mirándola todo el tiempo.

Se sabía el principio de la historia: los padres había muerto, y ella y su supuesto hermano Desmond se mudaron para tratar de llevar una vida diferente, intentando olvidar y superar tan grande pérdida. Sin embargo, siempre existieron cosas que no encajaban. Por ejemplo y lo más obvio: el hermano. Sólo había visto y hablado {o algo así} con Desmond Grimaldi una vez, pero sólo esa vez le bastó para darse cuenta de muchas cosas. Las miradas de desdén para él, y las posesivas para Scarlett. La manera en que se movía alrededor de ella, como si nadie mas que él tuviera permitido acercársele a la chica. Su ceño fruncido cuando Tom hacía reír a Scar, cuando le susurraba cosas al oído o cuando entrelazaba sus dedos a los de la chica. Pero lo dejó pasar. Lo olvidó pensando en que quizá sólo se trataba de un hermano con problemas severos de celos y sobreprotección. Entonces todo encajó: no eran hermanos. De alguna manera, se dijo, siempre lo había sabido. Pero el haber cerrado los ojos a eso había sido su propia decisión, de nadie más. El tratar de ignorar todo lo que no tenía sentido también había sido su elección.

Mutantes, muerte, sangre, traumas e incesto. Bueno, lo último, debido a la verdad, quedaba descartado, pero la estupefacción seguía siendo de la misma magnitud. Cuando por fin se dio cuenta de que llevaba callado y mirando sin en realidad ver por más de diez minutos seguidos un punto fijo, entreabrió los labios, tratando de decir algo pero sin saber qué en concreto, así que volvió a cerrarlos. Se levantó de la cama lentamente y se detuvo en medio de la habitación, mirando las paredes, llenas de frases, letras y demás. En realidad se sentía mareado. Existía la gran posibilidad de que vomitara. Las frases 'me propuso que nos dedicaramos a matar mutantes' y 'asesina por excelencia' retumbaban a gran velocidad y en volumen exagerado dentro de su cabeza. Apoyó su espalda en la pared, recargando la cabeza en la fría superficie, mientras miraba el techo.

Me... mentiste ―murmuró por fin. Tragó en seco, cerrando los ojos―. Me mentiste, Scar. Y lo peor de todo es que siempre sentí que había algo que no me estabas diciendo. Como si me hubiera perdido un capítulo completo de la historia.

Se pasó las manos para el rostro hasta el nacimiento del cabello, echándoselo hacia atrás. Habiendo pasado la impresión inicial, se sentía un poco mejor. Al menos su estómago ya estaba tranquilo. Reunió el valor suficiente para mirarla, y cuando se encontró con los ojos verdes, supo entonces que lo único que había en ella no era una asesina, ni un montón de traumas y mucho menos un pecado. Era dolor, un pasado tormentoso y un 'no sé a dónde ir ni qué hacer conmigo'. De acuerdo, lo que ahora sabía era algo muy fuerte y serio. Conllevaba a muchos riesgos y complicaciones, pero no le importaba. Cuando observó las lágrimas de la chica y su labio inferior temblar, despegó la espalda de la pared y, vacilante, se acercó de nuevo, sentándose frente a ella sobre la cama. Tomó una de sus manos entre las propias con delicadeza, aún sosteniéndole la mirada.

No eres una perra. Y no sé qué podría ser mejor que tú ―dijo en voz baja, comenzando―. No pienso alejarme de ti, linda. Porque aunque hayas asesinado creyendo que eso ayudaría a aliviar tu dolor, aunque me hayas mentido, besado a Desmond y demás... No sabría cómo hacerlo. Te quiero, Scarlett. También te quiero. Y sí, ésto es algo que... definitivamente no esperaba ―tragó en seco, afianzando el agarre de su mano―. Pero no me importa. No me importa, ¿y sabes por qué? Porque podemos cambiarlo.

Se acercó aún más, de modo que pudiera tenerla sobre su regazo. La rodeó son sus brazos, como si de un bebé se tratara, mientras acariciaba su espalda y sentía el rostro de la chica esconderse en su cuello. Enterró la nariz en su cabello, hablando contra este.

Podemos cambiarlo todo, Scar. Puedo ayudarte a sobrellevar tu dolor de una manera diferente. No tienes que seguir asesinando a mutantes para ello, cielo. Te preguntarás cómo, y aunque no tengo una buena respuesta en este momento, podemos averiguarlo juntos ―susurró―. Pero no tienes que seguirte haciendote daño de este modo. No puedes vivir así, Scarlett. Te quiero. Te quiero demasiado. Y no quiero verte sufrir más.
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Re: I'll never let you go, if you promise not to fade away [Tom]

Mensaje por Scarlett Grimaldi el Mar Dic 27, 2011 1:42 am

En ocasiones le gustaría poder decir que era parte del grupo de las personas soñadoras, aquellas que afirmaban que las cosas no tenían porqué terminar, que no todo tenía un final; pero ella tendía a ser realista, rayando en el pesimismo, y sabía que las cosas eventualmente acababan porque simplemente hacían parte del ciclo de la vida o algo. Y en ese momento (después de exactamente nueve minutos y cuarenta y seis segundos de completo silencio), realmente creyó que había llegado el final de su lo-que-sea con Tom.

Por un momento sintió el impulso de querer alcanzar su rostro con la mano, en busca de alguna reacción al menos instintiva, estaba algo preocupada, sabes, Thomas apenas parecía recordar que le era necesario respirar, y reconoció que sólo hasta ése momento supo lo que era el shock. ¿Tan grave había sido el daño? Ella apenas respiraba mientras contemplaba las temblorosas manos descansando en su regazo, y no lo hacía solamente por la presión que sentía en el pecho, sino para evitar soltar algún escandaloso sollozo que pudiera alterarlos a ambos aun más.

Y cuando decidió preguntar si necesitaba estar solo, él se puso de pie, y observándolo de reojo, asoció la imagen que veía con la de algún gato encerrado desesperado por salir. Hasta que se apoyó en la pared. Entonces supo que hablaría. Aquí vamos. murmuró para sí misma; pero en aquel instante ya no le importaba su propio bienestar, sólo quería que él hablara, algunas miradas decepcionadas, algún 'Vete de mi casa, Scarlett', o un 'No te quiero volver a ver' quizá, pero necesitaba la certeza de que él estaría bien, eso sería suficiente por ahora.

De acuerdo, pensó para sí misma mientras se obligaba a mirarlo, al menos no empezó con algún grito, lo cual era bueno, ¿correcto? Y entonces, él la miró. Sería difícil describir todo lo que sintió en ése instante, ¿te sirve de algo saber que habría sido un alivio desmayarse sobre ti? O al menos así pensaba antes de que Tom tomase su mano.

Alguna vez escuchó a su abuela decir que no había alivio más grande que ser perdonado. Scarlett era demasiado orgullosa para entenderlo, hasta ahora. Al escucharlo se sintió bien, ligera, alegre, libre de la carga que había llevado desde que conocía a Tom. Y quería aferrarse a sus palabras, tatuarlas en su mente y nunca olvidarlas. Creer en ellas. Pero en realidad lo hacía, porque él nunca le había fallado y ésta vez tampoco lo haría.

―Se más cursi, Thomas, te lo ruego― murmuró contra la piel de su cuello mientras reía entre dientes y besaba la línea de su mandíbula para separarse un poco y mirarlo a los ojos después de haber pasado el borde inferior de su camisa bajo los ojos para limpiar las lágrimas. Gracias al cielo no era de las chicas que se maquillaban demasiado, en realidad aquel día -previniendo lo que sucedió, apenas y se maquilló-. ―Debo admitir que resultó algo decepcionante, sabes. Esperaba un 'Largo de mi casa', y entonces yo patearía la puerta al salir y me alcanzarías en la esquina, me atraerías hacia ti...― Oh, vamos, Scarlett, ¿en serio? ¡No más películas hollywoodenses cliché con besos bajo la lluvia desde hoy! ―Y algo más pasaría. No es que importe. Como sea, ¿te molestaría que me duerma aquí?

Oh, joder. A la mierda con Thomas Hawkins. Siempre lo odiaría. Lo odiaba por ser tan perfecto, por haberla perdonado con tanta facilidad, por haber admitido que la quería, por decir aquellas palabras tan jodidamente cursis que la harían dormir sonriendo en las noches. Lo odiaba por hacerle pensar en ellos como alguna película de amor barata, por tener aquel acento inglés, por su voz, por sonrojarla cuando acercaba su rostro al de ella. Por oler tan absurdamente bien, por permitirle enterrar su rostro en el cuello donde se concentraba aquella esencia. También por haber decidido usar aquella camisa de botones que le marcaban la complexión de su cuerpo, por aquel maldito cabello que no-sabía-cómo-demonios conseguía conservar. Y además... ―Deja de hacer eso con tu boca, Tom―. Ugh, si quería concentración realmente necesitaba que él dejase aquel gesto de amago de una sonrisa mientras muerde su labio inferior o lo que sea que esté haciendo en ése momento.

Mierda, Scarlett, supérate.

Besó una esquina de los labios del chico y ladeó el rostro mientras se apartaba y cruzaba sus manos detrás de su cuello, jugueteando con el cabello que sabía llevaba más trabajo de lo que parecía. ―Deberías volver al ensayo, si quieres, de lo contrarío los chicos son los que terminarán escribiendo una canción sobre la perra que alejó al vocalista de la banda― Pero lo cierto era que quería mandar al diablo el ensayo de hoy. Sí, quizá ya no era una mentirosa en potencia, pero era lo suficientemente egoísta como para quererlo junto a ella por el resto del día.
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Re: I'll never let you go, if you promise not to fade away [Tom]

Mensaje por Tom Hawkins. el Sáb Dic 31, 2011 4:24 am

Tom es una nena de primera, y si hay algo que le molesta, es que la gente se lo recuerde a cada rato. ¿Y es que qué puede hacer para remediarlo? Nada. Si te molesta que se preocupe por los demás, que siempre vea por ti o que perdone de corazón, pues lo lamenta pero no va a cambiar. Sus abuelos lo educaron bajo ciertas reglas y la verdad es que deshacerse de viejos hábitos es muy difícil. Más vale que le creas, ya lo ha intentado. Así que por eso rodó los ojos cuando escuchó lo primero que Scar dijo. En serio, ¿es que nunca lograría tener contento a alguien? Rió, dejándolo pasar mientras besaba tiernamente su nariz.

Bueno, podríamos recrearlo. Pero necesitaré un guión, mejor escenografía y un buen director de escena ―comentó, bromeando―. Y un iluminador. Esta luz es demasiado agresiva para mi tono de piel ―sonrió, colocándole un mechón rubio tras la oreja, acariciando con suavidad su mejilla al contestar―. Para nada. Puedes quedarte todas las noches que quieras.

Rió suavemente cuando ella lo hizo. En verdad no tenía idea de qué cosa productiva o suficientemente buena había hecho en los últimos meses como para haberla conocido en Hot Coffee y haber vivido a su lado tantos buenos momentos hasta ese mismo. Ciertamente no entraba en sus lista de los diez mejores, pero estaba seguro de que podía hacer trampa y meterlo como hacía con todos.

¿Qué cosa?, ¿ésto? ―dijo, para después fruncir los labios a modo de que pudiera abrirlos y cerrarlos como si de un verdadero pez se tratara. Rió, mientras se recostaba de nuevo sobre el colchón, al lado de ella, rodeando su cintura mientras podía sentir una de las manos de la chica acariciando su cabello―. Para tu desgracia, el ensayo de hoy terminó temprano. Así que, lo siento, pero tendrás que aguantarme lo que resta de la tarde y toda la noche.

Y fue en ese mismo instante en que ella volvió a mirarlo en que se dio cuenta de que no importaba cuán grave hubiese sido la confesión o incluso peor: él la hubiera perdonado esa y todas las veces que quisiera. Porque mientras veía sus ojos fluir como el mar, iguales al agua verdosa del océano, que se hacen espuma, se hayan en calma y vuelven a enardecerse como una ola, él supo que era cierto. Que eran los mismos ojos con los que soñaba todas las noches desde su llegada, que eran los ojos que siempre lo harían perder el juicio, la cordura y la razón. Y supo que no se engañaba, porque esos ojos fluían, se transformaban, ofreciéndole así el mundo en el que siempre había deseado perderse {aquel en el que siempre había querido entrar y jamás poder encontrar la salida}. Porque estaba loco por Scarlett. Porque ella lo hacía sentir como alguna vez creyó que jamás se volvería a sentir.

Se inclinó lentamente sobre su rostro. Podía sentir la respiración de la chica sobre su piel, haciéndole un poco de cosquillas, al igual que su aliento en el paladar, dándole a entender que era sumamente delicioso. Con cuidado posó una mano en la lateral de su cuello, acariciándo superficialmente la piel con la yema del pulgar. La miró una vez más..., y entonces la besó. Con suavidad, lentamente, falto de prisas, disfrutando de tomar sus sedosos, finos y rosados labios entre los propios en el primer beso que ambos se daban.

La quería. La quería tanto. Y lo único que pedía era que ese momento durara semanas, quizá meses, y que nunca se acabara.
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