Hace unos años, un virus comenzó a recorrer las calles de una ciudad peculiar, perdida en el mundo, llamada Ciudad Gris. Una urbanización de tamaño moderado, familias típicas, días típicos (aunque muy lluviosos.) ¿Quién iba a pensar que una epidemia iba a saltar y convertir a las personas infectadas en muertos vivientes? (...)
Las poblaciones cercanas a Ciudad Gris han sido evacuadas y, las que no, tienen las mejores defensas que uno puede imaginar. Hay agentes, hay cazadores, hay científicos, hay mutantes, hay bestias... e incluso hay fantasmas.
El Gobierno ha comenzado a actuar. ¿Su próxima acción? Matar a todos los mutantes y evitar que el virus se convierta en lo que muchos temen; el fin de la humanidad.
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El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

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El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Viveka Kendrik el Mar Dic 06, 2011 4:00 pm

~Un minuto más, un beso sangriento y la visión de un sueño.
En la luz blanca estoy tranquila; sin embargo, el curioso frío me rodea.
El silencio del sueño y mi despertar.
Señor, ten piedad de mi alma.
En tanto mi dolor se ha ido, muéstrame lo que es estar vivo.~

Un aura cálida rodeaba el cuerpo de Viveka aquella noche lluviosa. Los relámpagos eran perfectamente visibles en aquel manto de plomo que cubría el cielo nocturno. Las estrellas se esmeraban por ocultarse, ajenas a los acontecimientos de esta tierra nefasta. Cada luz se apagaba con la lentitud de un cazador que disfruta, goza, de su presa. Y la joven que yacía sentada sobre una lápida, no era la excepción. Su luz también se apagaba, acorde a su olfato comenzaba a distinguir el aroma a tierra mojada, sangre fresca, y la bestia que merodeaba cerca.

Mutantes. Ellos estaban por todas partes.

Ser un verdugo de tu propia especie nunca fue fácil. Ni para ella, ni para nadie. Ser un desertor, atentar con tu propia raza, mutilar cuerpos que antes fueron devastados por la misma miserable suerte que la abatió a ella, en su lecho de muerte. Sus dedos, finos y pálidos, se crispaban contra las rocas que se situaban a ambos lados de la tumba. Estaba impaciente. ¿Cuánto tardaría en aparecer? Ella se había esmerado en seguir su rastro durante una semana, analizando cada uno de sus putrefactos movimientos. Era conciente de que había asesinado a cinco personas en tres días. ¿Era peligroso, entonces?

"No, claro que no lo es. La inseguridad es sólo una sensación, ¿eh?"

La ironía con la cual resp0ndió la retórica de su pregunta, era visible en sus pupilas. Estas, ardientes, refulgentes en su verde acuoso, examinaban los alrededores. La capa roja que ocultaba su silueta le proporcionaba el aspecto de una dulce niña que juega a las escondidas entre los muertos. La inocencia del aspecto de un ángel; La voracidad interior de un demonio.

Ella es uno de ellos. Ella es uno más condenado a morir llegue su momento.

Viveka, inerte en su sitio, miró sus manos enfundadas en guantes negros. Las gotas de lluvia se resbalaban por su mejilla, nariz y labios. Cualquiera que la encontrase, creería que estaba perdida, que debía retornar a casa cuanto antes fuera posible. Cualquiera que allí la viera, no dudaría de la fragilidad de su aspecto y del instinto benevolente de ayudarla. Pero lo cierto es que ella no merece nada de eso. Su alma es presa de los cuervos, el mismísimo Pandemonium se desarrolla en su interior. Si algo de luz prevalece en sus entrañas, sólo aflorará en la soledad de sus pocos días tranquilos. No tiene intenciones de compartir nada con nadie, excepto una cosa: la muerte.

Un atisbo de sonrisa pretendió asomar en sus carnosos labios rosados. ¿A qué se debía tal gesto? Unos pasos comenzaron a escucharse, por lo que llevó su mano al interior de su capa, donde sostenía con cuidado un objeto filoso y tajante. Quien sea que se aproximase, estaría a punto de conocer a una asesina despiadada perfectamente camuflada. Ella no era más que un lobo disfrazado de cordero. Sólo esperaba que su presa llegara pronto. Quería acabar con esto de una buena vez. De modo contrario, tendría que esperar más tiempo para releer uno de sus libros favoritos.
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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Auden Lehnsherr el Mar Dic 06, 2011 6:21 pm

Auden quisiera saber que es lo que se encuentra haciendo exactamente en aquel lugar vacío y desolado, en dónde nadie parece notar su presencia. Puede que le guste pasar desapercibido por las demás personas en algunas ocaciones, pero no puede evitar la sensación de sentirse perdido en medio de la nada. Solo. Nadie más que él y la oscuridad de la noche que lo abraza en sus brazos. Bien, quizá no era nada más que otro método fallido que él intentaba para alejarse del mundo; pero comienza a aburrirse (como cada vez que está solo) y lo único que desea es encontrar a alguien en medio de la noche. ¿Compartir sus penas? No, tampoco es eso. Tan solo está en busca de alguien y su compañía.

Los relámpagos no eran nada más que otra señal que le indicaba (de cierta manera) que él no debía estar ahí, no solamente porque la lluvia a cántaros comenzaría a caer dentro de poco, sino que había algo más, algo oculto que parecía decirle "Alejáte de ahí". Pero como ser testarudo era una de sus peores cualidades, no es que vaya a seguir sus instintos. Es más, es la primera vez que desea no hacerlo, como si se encontrara curioso por lo que pudiese encontrar en aquel despoblado lugar.

Vale, al menos no estoy tan solo.―Comenta para sí mismo, cualquiera que lo observe hablando solo pensaría que está más que loco. Vale, ¿quién no lo estaba?.

Algo captó su atención en medio de la oscuridad, sentado en una de las tumbas como si se tratara de un asiento cómodo y sencillo cuando en realidad, no era nada más que una lápida de alguna persona sin vida. Sus iris azulados, que no se notarían mucho debido a la oscuridad, escrutaron una figura no tan pequeña, con una melena rubía que ante la luz de la luna lucía más bien de un tono plateado claro; parecía estar escóndida, pero desde el ángulo que Auden se encontraba podía observarla a la perfección. Comenzaba a preguntarse cuál era la razón por la que se encontraba ahí, en un lugar en el que no había nadie más que los fallecidos; pero tampoco es que fuera a entrometerse.

La curiosidad, como siempre, terminó por ganarle la partida e incorporándose de la lápida, terminó por levantarse y comenzar a caminar sigilosamente por las tumbas, con aquel caminado suyo que a veces podía ser tan silencioso como el mismo viento. Por que tampoco quería asustar a la rubia que se encontraba no muy lejos de él. De hecho, incluso hasta sentía curiosidad por la figura delgada que ahora parecía encontrarse en una posición de rígida, como si se encontrara esperando algo o alguien.

Continuó caminando en silencio, sin dejar que sus ojos se apartaran de la melena rubia hasta que estuvo lo suficientemente cerca para observar su espalda. No podía negar que lo que estaba ansioso por ver era su rostro, o quizás simplemente era aquella molestoso necesidad de entablar conversación con cualquier persona.

¿Buscas algo?―Preguntó elevando la voz para así atraer su atención y aquella pregunta sonó más como una afirmación, pero no sabía cuales eran las razones por las que ella se encontraba ahí, ni mucho menos si se encontraba buscando de algo. Bien decían que la curiosidad había matado al gato.
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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Viveka Kendrik el Mar Dic 06, 2011 7:16 pm

Los pasos se acercaban. La mirada felina de Viveka miraba sin observar. Estaba, simplemente, esperando al momento oportuno para atacar. Su respiración era serena. Tan calma que incluso parecía no utilizar ese medio para vivir. Era como si el aire no fuera más que una necesidad paradójicamente innecesaria.

Las gotas de lluvia configuraban el sonido extraviado de alguna melodía enviada del cielo por los ángeles. ¿Y para qué? ¿Para burlarse de ella, cuyas manos jamás podrán tocar una mínima pieza de aquellos míticos acordes? Su única canción era infernal, pero su rostro transmitía la vida de un ángel perdido por la tierra.

Un ángel de la muerte. Sus alas negras abrazarían a todo aquel que se acercara.

Viveka no tenía clemencia ni compasión que brindar. Sólo obedecía al único instinto que la mantenía en pie. Sin embargo, los pasos se detuvieron justo detrás de ella. Tuvo que verse obligada a aflojar su puño sobre la daga que portaba oculta tras su capa roja. La capucha servía para ocultar sus ojos, y gracias a la misma pudo ver por el rabillo a aquel muchacho. Un suspiro silencioso emergió de sus labios.

― Este no es sitio para ti ―murmuró, suave pero letal. Si bien no respondió a su pregunta, le dejó en claro una advertencia severa. Este no era sitio para un puro, limpio y adorable humano. Y menos a estas horas. El reloj de la Luna anunciaba alrededor de la medianoche. Momento en que las bestias surgen. Si él es inteligente, sabrá que debe girar sobre sus talones y alejarse. Ella no está aquí para salvar vidas, sino para quitarlas.

Y ne medio de la seguridad que embriagaba sus venas, quiso pensarlo con más claridad. Volvió a ver su silueta de reojo. Una mueca de desaprobación fue visible en sus labios: lo único que podía divisarse a causa de la abundante capucha. Una gota de lluvia se deslizó por su mentón y cayó, nítida, sobre uno de sus guantes negros.

― No eres quien busco
―siseó, de un modo casi impersceptible. Su voz arrastraba cierta dulzura e inocencia, las cuales claramente no poseía. O tal vez residían tan ocultas, que resultaban impenetrables hasta para ella misma.

Dio un pequeño salto, sublime, delicado. Se puso de pie y comenzó a avanzar, aún dándole la espalda a aquel joven. No lo observó bien, pero no necesitaba hacerlo. Lo único que requería ahora mismo era encontrar a aquel mutante. Tenía que cumplir con su cometido esta noche, no otra.

Y mientras se alejaba, cierto halo la envolvía. Se trataba de un espectro invisible que invitaba a descifrar su misterio. Giró apenas el rostro para ver como dejaba atrás a aquel ser humano tan diferente a ella. La vida latía en sus venas pulcras. Viveka atinó a sonreír, creyendo que interiormente se contradecía. Aquella niña que albergaba su alma quería jugar, hablar, sonreír, con alguien. Pero eso jamás sucedería. Estaba bien en compañía de su fiel amiga Soledad. No había espacio para la luz en su interior. Aunque apenas tuviese diecisiete años, se había visto obligada a crecer de golpe.

Y entonces, un rugido oculto borró sus cavilaciones y frenó sus pasos. El sonido provenía desde el interior de un mausoleo. Los ojos de Viveka se agudizaron. Movió los dedos de sus manos, olvidando el frío y preparándose para el momento. Algo le indicaba que esta vez debería enfrentarse a algo más que un mutante: a aquel humano. Él estaba en el medio. No podía garantizar su seguridad. De hecho, siquiera lo había visto a los ojos como para asegurarse que algo en él le sugiriese que deba protegerlo esta noche.

Su capa roja se ondulaba en el viento, como un manto mortífero; el sonido rastrero de un ser aproximándose era cada vez más evidente.
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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Auden Lehnsherr el Miér Dic 07, 2011 2:19 am

La noche no podía asustarlo, ni con muchos relámpagos que sonaran desde lo más alto del cielo porque después de todo ¿Qué le podrían hacer unos cuantos ruidos tenebrosos de la noche? De pequeño, quizá le asustaría más de lo que debería y terminaría buscando refugio en los brazos de sus pades, pero eso había sucedido antes y aquello ya había dejado de sentirse como un miedo para Auden. Bah, que ya estaba lo suficientemente grande como para tener miedo; además, aquellos relámpagos no eran nada más que otra señal que indicaba que pronto llovería. La lluvía no haría nada más que mojarle y aquello no lo mataría.

Y justo a como lo había pensado, ya comenzaba a caer las primeras gotas, señal que él había atisbado desde que salió de su casa. En este momento, por alguna razón se encontraba con la mirada fija en aquella chica con la capa roja, tal a como había leído en algún cuento para niños pequeños cuando debía leer aquella clase de libros.

¿No?―Preguntó distraídamente mientras intentaba descifrar su rostro debajo de aquella capa roja que era bastante visible.

Hacía ya bastante tiempo en el que Auden se preguntaba por qué las personas solían cubrir todo el cuerpo, con aquella clase de ropa o simplemente con aquel actuendo que él veía casi a diario: negro y más negro.

Es solo de los muertos, ¿no?―Inquirió con sarcasmo y con una sonrisa burlona, él utiliza bastante el tono juguetón con los demás, a veces se pregunta porque tiene la manía de bromear con constancia y aún no logra encontrar una respuesta a aquella pregunta. Además para su opinión, no tenía nada de malo con hacer chistes de vez en cuando.

Había aprendido a reconocer el tono de las voces que las personas utilizaban, y sin embargo, esta vez no lograba decifrar el de la rubia. ¿A quién se encontraría buscando en medio de un cementerio? Auden tenía dos posibilidades para aquella pregunta: 1-Estaba de visita. 2-Se encontraba buscando a alguien como ella decía. Pero lo más extraño es que lo hiciera a mitad de la noche y en un lugar así.

¿Buscas al lobo feroz?―Murmuró con diversión, sin poder evitar el hecho de hacer una broma con respecto a ella, quizás así era la única manera de que las cosas se calmaran entre ambos, porque para Auden se sentían bastante tensas; ¿Qué mejor que un chiste para tranquilizarse? Nada mejor que eso. Existía algo en aquella chica que despertaba su curiosidad, como si necesitara saber más de ella.―Está bien, ya. ¿Necesitas algo?

Vió como se alejaba sin decir nada más y en alguna parte (muy en el fondo) anheló seguirla, pero el modo en el que había dicho aquellas palabras le hacía entender que era mejor no meterse en su camino. Pero no era mucho su estilo seguir con las orientaciones de lo demás y como bien se esperaba, la seguiría y era exactamente lo que estaba haciendo: seguirla, como si se tratara de nada más y nada menos que un insolente.

Escuchó aquel ruido y aceleró los pasos hasta llegar lo suficientemente cerca de la chica.―Creo que, somos los dos los que no deberíamos estar aquí.―Murmuró cuidado con que sus palabras sonaran adecuadas, que no fuesen vagas ni mucho menos esta vez bromista, porque ahora hablaba enserio.

Puede que los relámpagos no lo asustaran, pero había cierta conmoción al escuchar aquel ruido que hizo que los vellos de su nunca se erizaran. Y aquella inquietud de saber qué era lo qué lo había provocado aquel sonido que no dejaba de retumbar en sus oídos, repitiendose una y otra vez.
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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Viveka Kendrik el Miér Dic 07, 2011 12:41 pm

Él era insistente; insistente y descuidado. Debería haber hecho caso a sus palabras desde un principio, pero en su lugar prefirió jugar al gato y al ratón.

Viveka escuchó sus primeros comentarios, impasible. Estaba demasiado concentrada en la dirección de los rugidos fétidos como para lidiar con un niño como él. Porque claramente, aunque fuese de mayor edad que ella, en el fondo conservaba la virtud de proteger su niño interior. En cambio, Viveka ya había extraviado a su niña hace tiempo. De lo contrario, no estaría aquí a punto de aumentar la suma de fallecidos en este cementerio.

Hubiera querido responderle sarta de borderías a sus palabras, pero se limitó a sonreír de lado cuando oyó aquel comentario sobre "el lobo feroz". ¿Que si lo buscaba ella? Oh no, claro que no.

"Él te busca a ti, sacrificio inocente."

La mente de Viveka habló por ella. Sin embargo, prefirió reservarse el comentario. No iba a divertirse asustándolo. No ahora. Él ya tendría motivos para temer solo. Como estaba a punto de ocurrir. Notó sus pasos acelerados detrás de ella. ¿Acaso no se daba cuenta de que huía de un montruo para protegerse con otro? Los humanos son tan frágiles, tan dulces en su estúpida ingenuidad. Y los que no son como él, son a veces peores bestias que aquellos condenados a morir y revivir de sus cenizas.

― Necesito que te quites del medio
―respondió sécamente a la primer pregunta que pareció formular enserio. Al resto de comentarios, no iba a responder. ¿Para qué perder tiempo con porquerías?

Y en verdad necesitaba que se quite del medio. Y rápido. Podía sentir el siseo de la bestia cuya cordura se extravió hace tiempo. Hoy sería la última noche de su maldita vida. Y, ¿para qué mentir? Viveka no quería brindarle el gusto de que se lleve otra vida con su putrefacto ser.

Al oír el último comentario del muchacho, se volteó. Lamentaría esto por el resto de sus vidas, pero no tenía otra opción. La estúpida benevolencia que desbordaba su corazón oculto en las tinieblas, le indicaba que esto sería lo correcto.
― Prometo que no morirás esta noche ―susurró, calma y determinante. Su voz era lo único que anunciaba qué clase de persona había tras aquella capa. Viveka avanzó unos pasos justo en el momento indicado. Una sonrisa pudo divisarse tras el manto rojo. Sus labios eran lo único visible.

~Luchamos para ganar. Somos mucho más fuertes que antes. Aprovecha la noche con todo lo ofrecido: lo bueno y lo malo; lo claro y lo confuso.~

Y apareció. El mutante apareció. En sus facciones se divisaban perfectos rastros de demencia mezclada con sangre seca de sus inocentes víctimas. La locura le llevaba a la necesidad de sangre y ahora mismo quería al humano que estaba a su lado. Quizás debería haber considerado que usarlo de carnada fue ideal, pues le tomaría menos tiempo del pensado acabar con él. Sin embargo, el hecho de salvarle la vida era contentado con el pensamiento de que, simplemente, el azar lo puso donde no debería estar.

La criatura antes humana se deslizó por el suelo a gran velocidad. Y contra sus especulaciones, dio un salto para caer justo detrás de ellos. En el momento en que Viveka se volteó, el mutante había saltado a por el muchacho. Un gruñido se oyó, pero no provenía de aquel ser. Viveka, por instinto, empujó al humano ferozmente, para apartarlo de su camino. Por ese acto instantáneo e improvisado, el fenómeno cayó sobre ella, obligándola a arrastrarse por el suelo debido a la embestida. Procuró sujetarlo bien, pero éste comenzaba a obstruírle el cuello. Viveka no podía alcanzar la daga que tenía oculta tras su capa. No podía quitarle las manos de encima porque eso significaba que él llevaría ventaja y ella terminaría muerta.

La lluvia comenzó a caer de manera más penetrante, fría y abundante. Las gotas parecieron refrescar la mente gélida de Viveka. Un brillo despiadado surcó sus ojos. Ya sea por el cansancio de su rival o mera suerte, éste pareció flaquear y menguar su fuerza en un determinado momento. Es allí donde la rubia ejerce una embestida certera al estómago y lo arroja lejos, provocando que ruede por la tierra sucia y podrida del cementerio.

Viveka se pone de pie, jadeante, y mira a su alrededor. ¿Dónde está el humano? Y cuando por fin lo localiza, el mutante se lazó hacia él. Una punzada de advertencia la embriagó. Parecía que no sería una tarea tan sencilla como había planeado. Y eso se debía a que había una presa por medio. Sin dudarlo, se quitó los guantes negros y los engachó en su cinturón, a medida que avanzaba corriendo en la dirección de ambos seres.

Off: Si quieres, puedes manejar al mutante también. De ese modo, haríamos más dinámico el rol y pondríamos en juego ambas ideas ^^


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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Auden Lehnsherr el Vie Dic 09, 2011 12:04 am

Si él debía decidir entre la curiosidad o ser precavido; habría escogido mil veces primero la curiosidad en lugar de la otra opción. Porque sí, algo le decía que no debía ir detrás de aquella chica, pero por alguna razón (como siempre) él no había querido seguir sus propios instintos.

Enarcó una ceja al escuchar lo que la chica le decía y no hizo nada más que negar con la cabeza. ¿En medio? ¿Qué se suponía que debía significar aquellas palabras? Por mucho que intentara descifrarlas o más en su entorno, examinarlas a fondo, no podía; porque aquel sonido aún continuaba repitiendóse en su mente. Una y otra vez hasta que trató de convencerse de que debía ser nada más y nada menos que algún pájaro. Pero no. Los animales se ocultaban con la lluvia ¿cierto? Cierto, maldita sea. Cierto.

No estoy en medio de nada.―Murmuró con duda, quizás existía algo más de lo que él pensaba. Algo que la chica sabía y que él no. Si había algo que le molestaba era no darse cuenta de las cosas, más que todo si él era el ingenuo de la situación.

Escuchó sus palabras y frunció levemente el entrecejo, quería saber que significaban aquellas palabras, además de lo obvio. Su tono sonaba tan protector, casi como le solía hablar su madre cuando él estaba pequeño y Auden se encontraba haciendo una que otra travesura. El tono de la muchacha le había revivido aquellas memorias y sin saber exactamente el por qué, pero le creía. Algo en su interior confiaba más de lo que debería a la desconocida. Creía en ella. No sabía porque pero lo hacía.

Tan solo se limitó a asentir con la cabeza, incapacitado como para decir una palabra más o hacer otro comentario debido a la repentina aparición de lo que sus ojos veían. Auden no sabía hasta que punto se había perdido de la realidad, si se trataba tan solo de una pesadilla o si en verdad estaba sucediendo; después de todo, ¿Quién en su sano juicio sería capaz de determinar lo que se encontraba frente a él?

Aquellos ojos, sobretodo, eran los que más le asustaban. Él no era un miedoso, ni mucho menos un cobarde pero en estos momentos se sentía tan indefenso, como si estuviera en una habitación cerrada (de las muchas que él odiaba) y no pudiese salir. Solo que, esta vez, se encontraba al aire libre y eso sería una ventaja más para él. Pero no, se encontraba demasiado sumido en el shock como para moverse por sí solo.

Observa como aquella criatura se avalanza contra la chica, y comienza a dar grandes zancadas en su dirección, esperando que no llegue demasiado tarde como para evitar que algo le suceda. Pero cuando había llegado ella se las había arreglado para alejar a la criatura. ¿De dónde había adquirido tanta fuerza un cuerpo tan pequeño cómo el de ella? No lo sabía pero necesitaba saberlo. A lo mejor a eso era a lo que se había referido en primer lugar. No, ¿Cómo podía ella saber que esoestaría ahí?

No le dió tiempo para seguir pensando en las posibilidades, cuando se había dado cuenta, la criatura lo había derrumbado, haciendo que su espalda chocara contra el suelo. Un terror le invadió por toda la columna vertebral. No sabía hasta que punto era capaz de moverse o si era simplemente el miedo que lo estaba dominando, pero no podía ni siquiera parpadear; dolía incluso.

Su fétido aliento chocaba contra el rostro de Auden, que ya a estas alturas lo único que podía hacer era forcejear contra lo que fuese que lo estaba atacando. Hasta donde sabía, este podía ser su ultima hora así como también su último minuto de vida. Y así era como lo sentía, su corazón palpitaba cada vez más rápido: veloz y sin control. (Pronto dejerás de hacerlo.) Comienza a herirlo; el brazo, su torso. Duele hasta respirar pero no puede hacer nada más que forcejear, hasta que es capaz de quitarlo de encima y poder salirse de su agarre, aún así el shock continua aturdiendólo.

Se levanta, más sin embargo su vista se encuentra plasmada en el suelo, en busca de cualquier arma que le ayude para defenderse. Defenderse a sí mismo y defender a la chica; porque así a como lo había atacado a él, ella había sido atacada por igual. Jadeante, comienza a caminar en busca de la chica, que ya no se encontraba tan lejos como antes.

Tenemos que salir de aquí.―Susurra en un tono bajo, incapaz de que otras palabras salgan de sus labios sin que perdiendo la voz. Se lleva una mano a la frente, ahíQuizá aún existía la posibilidad de que ambos pudiesen salir de ahí con vida.

Off; Ahí, medio lo maneje. Pero pienso que te sale mejor a tí.
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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Viveka Kendrik el Vie Dic 09, 2011 2:00 pm

Lo sabía. Lo presentía. Conocía perfectamente las intenciones de aquella criatura como si se tratara de su propio instinto. Y es que, a decir verdad, ella si no se encontraba en su "sano juicio", pretendería hacer lo mismo. Pero su autocontrol era fuerte, sus emociones estaban perfectamente selladas como para evitar sucumbir ante sus tremebundos impulsos naturalmente demoníacos. Porque sí, ella no se consideraba una humana. Ya había perdido todo lo que ello significaba.

Monstruo. Demonio. Ser infernal condenado por los ángeles. Creación de Dios maldita.

Viveka ya se había despojado de los guantes. Sus manos estaban listas. Podía sentir la brisa entre sus dedos a medida que avanzaba con rapidez. La bestia se había esmerado en entretenerla lo suficiente como para ejecutar su próximo movimiento. Sin embargo, eso no iba a bastarle. Cuando divisó que se lanzaba sobre el muchacho, maldijo por dentro. Él, audaz como no hubiera imaginado, logró quitárselo de encima. Pero debería saber que eso no sería suficiente. Mientras el joven buscaba algo con lo cual defenderse, el mutante volvía a avanzar en su dirección. Las gotas de sangre que derramaba su arañado torso sólo incitaban al animal que había en el interior de esa fiera con forma humana. Comenzó a avanzar, como si fuera alguna especie de bicho rastrero, en busca de su presa.

Viveka se había ocultado unos instantes tras una lápida. Buscaba su daga. Tenía la esperanza de no tomar medidas "drástricas". Sin embargo, para su mala suerte, se le había caído durante el forcejeo. Divisó su brillo a la lejanía. Maldijo otra vez. Pero no pudo concentrarse demasiado en sus maldiciones cuando oyó el rugido de la bestia saltando en dirección al muchacho, salvajemente, con instinto desbocado.

Siempre procuró ignorar sus comentarios. Pero no pudo hacer caso omiso a las últimas palabras dichas por él.
― Tu deberías salir de aquí ―siseó en medio de un grito, asaltando a la criatura por la espalda, justo cuando iba a caer sobre el muchacho distraído en busca de un arma casual. Sujetó, entonces, a aquel ser del cuello, situándose en su espalda como si éste estuviera haciéndole "caballito", como un típico juego de niños. Viveka depositó sus manos a ambos lados de su rostro. Comenzó a absorver su energía. La bestia se removía, pero cada vez con menor fuerza. La rubia tenía que hacer un gran esfuerzo por mantenerse en su posición y no caer. Las oleadas de energía la invadían, sentía el poder, la fuerza, pero también el exceso que esto causaría.

Y cuando creyó que era el momento oportuno, se aprovechó de la debilidad de su enemigo. Le quebró el cuello con un sagaz movimiento de sus manos. El cuerpo cayó, inerte, en el suelo. Viveka cayó sobre él y se quedó de pie sobre su espalda. Contempló el cadáver por unos segundos. Para esa instancia, su capucha había dejado visible su cabello y rostro en totalidad. Ella alzó la vista y observó al humano. El silencio era perturbador, y la muerte habitaba en cada poro. Sus pupilas, de un verde acuoso e intenso, actuaron como dos dagas por demás de afiladas sobre los ojos del prójimo.

La visión de un ángel; el alma de un demonio.

~¿Esto es sólo un sueño o un Deja Vu de la nada?
Escondo mis sentimientos, me hirieron por un largo tiempo.
Sólo por curiosidad, en medio de un camino solitario, miro hacia atrás durante el día.
Estoy caminando sin rumbo, sin destino bajo la lluvia.
Esta inocencia y silencio que comenzaron hace mucho tiempo...
Escucha ahora, me pregunto cómo pueden herir los sentimientos.
Escucha ahora, cuando el silencio habla más fuerte que las palabras.~

Off: Como mejor lo veas ^^
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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Auden Lehnsherr el Mar Dic 13, 2011 12:13 am

La lluvia caía contra su rubio cabello, mojándolo así como también empapaba las ropas que llevaba puesta. El agua se mezclaba con la sangre que había derramado hace unos instantes, las heridas dolían, pero el instinto de supervivencia le incitaba a continuar corriendo por su vida. El querer sobrevivir, o el mero hecho de que estaba completamente poseído por el miedo. Un miedo que jamás había sentido, el mismo del que él había sido testigo tan solo unos segundos; como si toda su vida se fuera en un segundo. Sin respiración, y no; las cosas no pasaban como en las películas, que veías los fragmentos más destacados y vivientes. No, sucedía lo contrario. Necesitabas aquellos fragmentos más que nunca, al menos para aferrarte a algo que no fuese la oscuridad de la muerte.

Las cosas sucedían de manera rápida, como si no quisieran esperar a Auden, como si quisieran que aquel momento lo olvidara; pero no, aquella vívida experiencia sería algo que perduraría por mucho tiempo dentro de sus recuerdos. Escuchó el comentario de la chica y nuevamente se sintió desconcertado del tono de la muchacha, hablaba como si ella fuese una experta en lo que estaba haciendo (Y quizás lo era)

Auden fue testigo de toda aquella escena, del salto de la rubia por montarse encima de la criatura y entre más miraba, más perdido se sentía. Se preguntaba si debía ayudarla, pero la chica parecía de aquellas personas que con tan solo una mirada gritan "Alejate de mí o conocerás las consecuencias". Y no, no es que fuese un cobarde ni para por el estilo, pero el dolor de su pecho iba creciendo con constancia así como también el de su brazo. ¿Qué era un soldado sin armas en una guerra? Nada. Así se sentía él: inútil, improductivo, incompetente. Cómo si fuese un inválido que no pudiera caminar, porque después de todo, sus pies parecían no acatar sus ordenes.

¿Qué diab...?―Formuló y sin embargo, fue incapaz de concluir aquella simple oración, porque ni él mismo podía explicarse lo que sus ojos acababan de ver.

Tomó una bocanada de aire y finalmente observó el rostro de la chica, y su mirada dió con la de ella por un instante, un instante en el que el tiempo pareció congelarse, como si ellos dos fuesen los únicos existenten en el universo. Y lo habría pensado de aquella manera de no ser, que ahora tenía la certeza que existía algo oculto, algo de lo que él no sabía y que necesitaba descubrir.

¿Estás bien?―Preguntó acercandose a ella y la observó detenidamente, viendo el mojado cabello rubio y la intensidad de su mirada―¿Qué fue eso?―Está bien, pregunta estúpida. Más que estúpida, era un idiota por preguntarlo.―Digo, tú pareces saberlo mejor que yo.―Le espetó porque muy en el fondo de él, existía una parte que se moría por conocer la verdad detrás de todo lo que había presenciado.

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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Viveka Kendrik el Mar Dic 13, 2011 12:52 am

Muerte. Muerte destilando cada súbito aliento. Muerte acabando con cada respiro de libertad. Muerte enterrando toda esperanza existente: eso es lo único que se percibía en aquel lúgubre lugar.

La mirada de Viveka, apacible y certera, calaba hasta los huesos la silueta de aquel pobre humano. La vida es cruel con la humanidad a veces -por no decir siempre- y golpea donde más duele, cuando menos te lo esperas. Si sabrá de eso ella, que ha pasado sus días siendo una muerta viviente desde entonces. Ha pasado cada noche pensando qué sería de la familia que una vez tuvo, de aquel convento, de su hermano perdido. Ahora, este joven sólo le sugería una vaga imágen del desconcierto que tenía ella hace no mucho tiempo. Sólo que yacía la diferencia de que ambos se encuentran en diferentes situaciones: uno es frágil, el otro no. Y no piensa esto por mera soberbia o superioridad, sino porque acababa de demostrarse el veredicto.

El desconcierto era palpable en cada una de sus facciones. Viveka se sintió miserable por momentos; miserable y maldita. Había asesinado. Y no era ni el primero ni sería el último cuerpo mutilado bajo sus manos blancas y aparentemente pulcras. Incluso, lo había hecho frente a ojos inocentes. Eso, sin duda, era el peor martirio para tu tibio y oculto corazón. El miedo que veía en los ojos de aquel pobre diablo, no era nada de admirar. No entendía, aún, como otros se sentían poderosos ante el temor ajeno. A ella, simplemente, se le antojaba repugnante y vulgar.

Asintió. Sólo eso. El hecho de que él le pregunte si estaba bien le resultaba irónico, molesto y paradójicamente agradable. Jamás alguien se había preocupado por ella desde que se ha convertido en esto. Antes, sus padres eran por demás de protectores; ahora, su vida era un agujero negro.

Todas sus preguntas fueron como una lluvia de sarcasmos. ¿En verdad creía que ella iba a explicarle algo de lo sucedido? Pues, que se entere: Viveka no trabaja con indirectas y, muchos menos, con humanos curiosos y entrometidos.
― Me contentaré con el hecho de que el azar te ha puesto en el sitio incorrecto a la hora menos oportuna ―comentó, sujetando los guantes de su cinturón y poniéndolos en sus manos nuevamente. Lo miró a los ojos mientras se entregaba a esta labor, saltando de la espalda del cadáver al suelo.

Los efectos secundarios. Sabía que ellos vendrían por ella en cualquier momento. Lo que no imaginó era que fuera tan pronto. Maldijo interiormente y suspiró de manera casi impersceptible, como si no quisiera que él se percatase de su pronta debilidad. Mareos, náuseas, pesadez en las piernas, dolor de cabeza. Maldita energía robada. Maldita vida humana que no tenía por qué salvar.

Y sin embargo lo hizo.

Le echó una mirada severa a su "compañero de aventura nocturna". En ella ocultaba la amenaza, la extraña amabilidad y la evidencia de que no se encontraba del todo bien.
― Será mejor que muevas tus piernas por el camino de regreso y olvides esta noche ―sugirió―, y sobretodo, olvida mi rostro. ¿Has oído?

Oh, vamos. Dime que no te ha quedado claro. ¿Eh?

La voz de Viveka sonaba serena, como un canto celestial. No parecía transmitir la amenaza que las palabras sugerían. Sus cuerdas vocales encerraban el sonido de una adolescente, joven, bella, soñadora, ¿viva? Pero también de un mutante, despiadado, voraz, vengador.

Ella volvió a ponerse su capucha, mientras sentía las frías gotas de lluvia empaparla por completo. Ahora mismo, sólo quería irse de allí. Necesitaba descansar, alejarse del mundo, encerrarse en sí misma, ocultar sus miedos. Comenzó a caminar entre las tumbas, pretendiendo ocultarse a través de aquel manto carmesí tan intenso como la mismísima sangre que acababa de derramar.
― Será mejor que cures esas heridas ―sentenció, frenando sus pasos y observándolo por el rabillo del ojo, para luego comenzar a avanzar otra vez.

La sangre. La sangre llamaba a su bestia interior como un imán maligno. Pero ella... Ella ya había saciado su deseo destructivo, sus ansias de matar. Ella podía controlarlo.

"Ahora, Auden: ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar con tal de conseguir la verdad?"


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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Auden Lehnsherr el Mar Dic 13, 2011 6:53 pm

Dudaba soportar otro minuto más así, con las heridas que recientemente había adquirido y que iban dañandolo cada vez más conforme los segundos pasaban. El dolor pugnaba con hacerlo caer contra el suelo, con hacer que se arrepintiera de haber salido a "dar una caminata nocturna" cuando todos los sucesos que había visto no eran parte de ninguna caminata tranquila y pacífica a como él la esperaba.

No podía ignorar el dolor, por mucho que quisiese hacerlo; los cortes no habían sido profundos, pero si habían sido lo bastante agudos como para hacer que su cuerpo entero se estremeciera del ardor que provocaban. Lo que su mente no dejaba de repetir era aquella escena, la de la rubia encima de aquella criatura (desconocida para él) y la facilidad con la que ella había acabado con su vida. Quería que le respondiera la pregunta, que no lo dejara con la duda porque de otra manera, dudaba que pusiese estar completamente tranquilo.

Pusó los ojos en blanco al escuchar el comentario de la rubia y se limitó a negar con la cabeza, la misma que ahora estaba hecha un lío con todas las suposiciones que estaba creando; todas alrededor de la criatura, y de una u otra forma, de la chica que se encontraba en frente de él.

Auden siempre había sido de los que investigaban por su propia cuenta si alguien más no le decía, y quizá así sería la mejor manera de hacerlo porque algo en su interior le continuaba gritando que se fuera; que aún existía peligro cerca y quizás aún más cerca de lo que él muchacho imaginaba.

Sujetó la herida existente en su brazo con la mano libre que tenía e hizo una mueca al sentir que él dolor no lo dejaría, que lo acompañaría hasta el final de la noche si eso era posible. La única manera de sanar aquellas heridas sería ir a casa, limpiarlas y tomar algún analgésico para calmar el punzante dolor.

Ah, puedes apostar que ya lo estoy olvidando.―Inquirió con ironía porque debía ser más que obvio que no lo estaba olvidando, sino que sucedía todo lo contrario: su curiosidad crecía cada vez más y por mucho que él quisiera controlarse, no podía.

Observó cada uno de sus movimientos y dió un paso hacía adelante, en silencio, porque no quería que ella escuchara que él estaba a punto de seguirla. Necesitaba saberlo, no podía quedarse con las manos cruzadas después de darse cuenta que existía algo oculto, algo de lo que él ni siquiera se percataba. Comenzaba a preguntarse si sería el único idiota que no sabía.

Supongo que...¿Gracias?―Murmuró al escuchar lo que le decía y soltando un suspiro, decidió continuar siguiendola hasta que su mano tomó por sorpresa el de la chica. Incluso él estaba asombrado con lo que la curiosidad llegaba a hacer dentro de él; en otras condiciones, no habría sido tan insistente pero ahora lo consideraba más como una necesidad y el dolor de las heridas causaba que su temperamento se pusiera peor.

¿De verdad crees que voy a olvidar esto?―Inquirió y trato de reprimir una risa entre dientes (lo que el nerviosismo te lleva a hacer).―Necesitas explicarme todo. No puedes sólo decirme que lo olvide si ni siquiera sé lo que es.―Concluyo tratando de que su voz sonara lo más serena posible, más sin embargo, resultó de un tono más desesperado.
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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Viveka Kendrik el Miér Dic 14, 2011 11:47 am

Sus pasos la seguían de cerca. ¿Este joven, acaso, no ha oído el sabio dicho "La curiosidad mató al gato"? No sabía donde se estaba metiendo, porque sin duda, al seguirla, estaba marcando su propio camino a la perdición. ¿Qué tan importante es la verdad cuando se puede ignorar y ser feliz? Aunque ni la Viveka misma fuera partidaria de ello, no toleraría que otro humano más se corrompiera, aunque lo hiciese de un modo diferente al de morir y renacer. Ella, realmente, quería ayudarle a olvidarlo todo. ¿Pero cómo? No contaba con el poder mental para ello, y tampoco lo obligaría a ir con algún vengador que lo posea. Él no sería un conejillo de indias, pero tampoco merecía saber la verdad.

"Lo más sencillo es matarlo."

El instinto llamó a su consciencia. Viveka frunció el ceño. No haría eso tampoco. ¿Verdad? Y entonces él le sujetó la mano. Un alerta interna se formó, cuando recordó que se había puesto los guantes de nuevo. Suspiró de manera casi impersceptible, justo antes de girar levemente el rostro y observarlo de reojo. Las luces mortíferas del cementerio ejercían cierto brillo misterioso sobre sus pupilas claras. Si ella se había esforzado por continuar ignorando sus comentarios, siempre existía alguno que la obligaba a titubear y hablarle.

― Si quieres, agradece; y sino, tan sólo vete ―espetó, suavemente, pero con la advertencia marcada en cada sílaba. La frialdad latente entre ambos. Su voz, de momento, sonaba algo temblorosa. El dolor y el mareo se estaba adueñando de su cuerpo cada vez más. Pero podía soportarlo, tenía que soportarlo.

Él continuó hablando y Viveka apretó la mandíbula. Sus rodillas quisieron flaquear. Su diminuto cuerpo quiso desvanecerse allí mismo. Deslizó su mano delicadamente entre la de él, para alejar el contacto.
― Se feliz en la ignorancia ―susurró―, tu que puedes ―concluyó, con un dejo de amargura traspapelado en cada palabra.

Viveka aguardó unos segundos más con la mirada perdida en algún punto de ese cementerio; extraviada en alguna tumba lejana, recordando qué sería de los cuerpos de sus padres, y más que nada, qué sería de su querido Dylan. ¿Estaría vivo? Y si lo estaba soñaba con que no fuera demasiado tarde para hallar su paradero.

Entre ambos comenzó a flotar el encanto embriagador de la noche y sus memorias angustiosas. Porque eso es lo que lograba este clima, este lugar. Los recuerdos arrebataban cada aliento, insitaban cada incertidumbre a adentrarse en los confines más oscuros, en las aguas más profundas incapaces de navegar, pero tentadoras al fin y al cabo. El silencio era de muertos, literalmente, y la brisa sólo agitaba los cabellos en una danza tremebunda. La lluvia no cesaba y Viveka, en su interior, deseaba que destilara cada mancha de sangre, cada evidencia de que alguna vez ha destruído vidas.

Y el encanto acabó por romperse. No hay tiempo aquí para cavilaciones.

― O te vas, o te mato. Tú elijes ―sentenció finalmente, dandose la vuelta y mirándolo fijamente a los ojos. La advertencia estaba más clara a cada instante que transcurría. La evidencia de que ella era capaz de acabar con su vida era cada vez más certera. Y así se quedó. Observándolo fijamente, pese a que fuera más alto que ella, con el mentón erguido y sin dudar siquiera un segundo. Porque si ella le había salvado la vida, también estaba en derecho y condiciones de quitársela. ¿Verdad?
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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Auden Lehnsherr el Miér Dic 14, 2011 11:47 pm

Si existía algo que fuese su perdición, eso era lo terco que solía ser a veces. Y él trataba de evitarlo, de ser tan insistense, pero ya se había convertido en una de sus cualidades y ahora sería bastante difícil quitarla. En su mente, aún se reavivan los rápidos segundos en los que la rubia terminó con la criatura, lo revivía con toda claridad, como si volviera a estar sucediendo en sus narices. No podía olvidarlo, porque tenía la certeza que jamás lo haría; que aquella noche sería algo de lo que él recordaría por siempre.

Observó como la rubia giraba de reojo hacía él y la observó, examinando su rostro con cuidado de realizar el próximo movimiento. Después de todo, aquí no importaba lo mucho que el fuese observador, ella aún no confiaba en él y podía sentirlo con toda claridad.

Claro, saldré corriendo.―Murmuró con aquel tono sarcástico que raras veces adoptaba su voz, no consideraba el sarcasmo como algo usual, porque casi nunca solía emplearlo. Excepto las ocaciones en dónde se sentía más irritado y las personas parecían juzgarlo por una sola mirada. Y así era como se sentía en estos momentos. Como si la rubia lo estuviera juzgando. Lo podía notar, la diferencia que su voz iba adquiriendo a cada momento; pero más intensa era la curiosidad que sentía.

Apartó la mano en el momento en el que sintió como la apartaba y entrecerró los ojos, esperando por el siguiente comentario amenazador que la chica haría y esta vez Auden se encontraba en un estado más defensivo.

Frunció el cejo al escuchar lo que le decía, cada comentario lo dejaba más confundido que el anterior y por mucho que él quisiera gritarle "¿Qué diablos dices?" no lo haría, porque aún existía algo de cordura dentro de él en aquella noche. De que no sabía hasta dónde llegaría aquel pequeño tramo de cordura, no lo sabía; pero al menos era algo con lo que iniciar.

Claro, ser feliz ¿no?―Susurró con el mismo tono de sarcasmo anterior, y quería dejar de actuar así, porque puede que quizás la chica no lo merecía. Algo dentro de él le decía que existía algo más de lo que ella le estaba dejando ver con todas aquellas amenazadas. Simplemente podía sentir que escondía algo, además de lo ya obvio.

Lo siguiente que la chica le dijo lo dejó bastante sorprendido. ¿Matarlo? Vale, comenzaba a creer que tenía problemas, problemas y de los grandes. Jamás se había imaginado escuchar aquellas palabras. Quizás en una que otra broma, si. Pero no en un momento de suspenso como este. Cualquier amenaza que ella hiciera, no podía ser peor al ataque que había sufrido hace unos minutos, cuando había sido atacado y mal herido. No podía ser peor que esto.

Adelante, hazlo. Estoy esperando.―Murmuró con un tono retador, había llegado al punto en el que ni él mismo sabía lo que estaba haciendo, retando a una chica a la cuál él ni siquiera conocía. Como si no hubiese bastado con observar todo el acto que ella había hecho con lo que sea que había matado. ¿Quién lo imaginaría? El amigable Auden en medio de lo que se podía considerar como pelea. ¿Y la verdad? La verdad es que ya no le importaba.
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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Viveka Kendrik el Jue Dic 15, 2011 9:24 pm

Sus ironías eran lo que más le exasperaban. La volvían inestables, arrebatándole la paciencia paso a paso. ¿Acaso era tan difícil darse cuenta de que intentaba proteger su maldita inocencia? ¿Tanto le costaba advertir esa ínfima y peculiar amabilidad? Pues si quería esto por las malas, lo tendría. A la mierda las buenas formas, la sutilidad de sus gestos para con él, su cortesía al perdonarle la vida en ese instante. En este preciso momento, se acababa su raciocinio y parsimonia. ¿Él está esperando su final? Pues ya tuvo suficiente clemencia de su parte. Al fin y al cabo, los humanos no son más que estorbos en su trabajo y, irónicamente, lo que debe proteger. Las cartas ya estaba echadas y no perdonaría su puta vida nuevamente.

O tal vez sí.

Viveka suspiró, abriendo y cerrando sus manos lentamente. Lo miró a los ojos, sin apartar la vista de él ni un momento. En su interior debatían su ángel y su demonio. ¿Vivir o morir? ¿Amar u odiar? ¿Perdón o rencor? ¿Amabilidad u hostilidad? La joven abrió sus labios un momento, dejándolos entreabiertos, como si esperase que la brisa entraba a través de ellos y llenara su boca de las palabras que no encontraba. Finalmente, desvió un instante la mirada, para volver a observarlo a las milésimas de segundo.

Se situó frente a él más directamente. Se acercó unos pasos y se quitó uno de sus guantes; el de su mano derecha. Levantó su brazo hasta que la susodicha mano pudo rozar la mejilla del muchacho. Era un tacto suave, sutil, elegante. Propio de una joven de su edad para con su prójimo, quizás. Depositó la palma entera sobre su rostro, acariciando con la yema de sus dedos el pómulo del muchacho. Por efecto del contacto de su palma, era irreversible lo que comenzaría a ocurrir: la energía vital del muchacho comenzaría a disminuír, siendo capturada por el cuerpo de Viveka. Así de simple, ella podría adormecerlo, dejarlo inactivo, y acabar con él.

Pero al momento apartó su mano, permitiendo dejar un simple dejo de cansancio en su cuerpo, mientras que ella sentía que sus dolores musculares y mareos aumentaban. Sí, era innecesario lo que acababa de hacer, pero quería dejarle en claro que él era débil a su lado, y que no tendría oportunidad. Así de simple, un respiro, y ¡zas!

― ¿Tanto apuros tienes por morir? Te recuerdo que la vida es muy bonita cuando la sabes sobrellevar ―comenta, en un tono menos tajante pero siempre con la advertencia y frialdad latentes. Quizás podría decirse que un atisbo de sonrisa surcó sus rosados labios. Sus ojos estaban fijos en él, a la espera de que finalmente le haga caso. Y esta vez estaría dicho: o se iba él, o se iba ella.
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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Auden Lehnsherr el Dom Dic 18, 2011 1:16 am

Había subido sus guardias al máximo, en caso de cualquier movimiento de la desconocida. Él era quién se había metido en dónde no lo llamaban y era él quién tenía que salir de aquel agujero en dónde estaba ahora. Pero, de todas maneras, no era que quisiera hacerlo. Dudaba que pudiese sacar aquella idea de su cabeza, la de conocer los secretos que ésta noche aguardaba e indagar a fondo todo lo que había visto hoy.

Se dió cuenta del momento en el que sus ojos dieron con los verdosos de la chica y a pesar de que aquella mirada lo intimidaba un poco, no la apartó en ningún segundo. En lugar de eso, subió (incluso más) su guardia. De momento, tenía una lucha interna consigo mismo, se debatía entre hacer caso a los demás por tan sólo una vez o continuar siendo el mismo testarudo que hacía lo que él quería. «Te estás portando mal, pequeño.» era lo que la mirada de la rubia le decía. Y lo sabía, él sabía que esto no era lo correcto. Que debía estar haciendo algún dibujo en su casa y no en el cementerio.

Frunció el entre-cejo notoriamente al ver como la distancia que los separaba era acortada por la rubia. Sus acciones lo confundían en ciertas ocaciones, y lo dejaban cada vez más desconcertado. Se estremeció al sentir el suave y cálido tacto de sus dedos contra su mejilla, aquella simple e inocente caricia que obligó a que sus párpados se cerraran con lentitud, casi disfrutando del momento. Si, vale. Disfrutanto. De una u otra manera, le gustaba el calor que la yema de sus dedos le tranquilizaba, lo relajaba y casi comenzaba a sentirse cansado y exhausto. Con sueño. Como si el dolor provocado por las heridas no fuese suficiente malestar por ahora.

Sintió como apartaba la mano y se vió obligado a abrir los ojos ésta vez. Era extraño, casi hasta extrañaba aquel inocente contacto. Pero era algo que no podría demostrarle, no cuando aún no podía confiar plenamente en ella. No cuando aún ella no le decía la verdad detrás de todo lo referente a la noche.

Quizás me hayas convencido, pero eso no quiere decir que no vaya a averiguarlo yo solo.―Susurró y en su tono se escuchó el cansancio prominente que había sentido de manera repentina. Él no había hecho nada en aquella noche, no había sido el "heroe" de la noche porque a final de cuentas, quién lo había sido era ella. Aún recordaba la manera en la que sus dedos habían acariciado su mejilla, y como había sentido una inmensa tranquilidad en su interior.

Y si se había sentido confundido antes, ahora ni siquiera sabía lo que pensaba. Parecía que sus pensamientos se encontraban únicamente enfocados en el cansacio, las heridas y ella.
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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

Mensaje por Viveka Kendrik el Jue Dic 29, 2011 3:19 pm

"La noche es joven", dicen. Puede que sea verdad, puede que tengan razón. Sin embargo, todo finaliza, y la noche no es la excepción. Poco a poco, aquel manto en penumbras comienza a iluminarse en el horizonte, en el infinito. El sol emana los primeros rayos tenues de su luz, tan sutiles, tan ínfimos, tan poco resplandecientes. Las estrellas apenas se divisan, pues las nubes han retrasado su luz debido a la lluvia, la cual ahora decidieron cesar. Despacio, las siluetas divertidamente redondeadas cual algodón comienzan a alejarse. La única evidencia que queda de la lluvia son aquellas gotas que permanecerán entre las tumbas, las flores marchistas, las ramas de los árboles...

Y el cadáver.

Ah, el cadáver. Pronto los cuervos vendrán por él y no quedará nada por lo cual preocuparse. Simplemente, la putrefacción llegará. ¿Y qué es otro muerto? ¿Y qué es otra muerte? Nada. Al menos para Viveka y quienes son como ella, no es nada. Al fin y al cabo, se trataba sólo de un mutante. Quizás hubiera lamentado la vida perdida de un humano como el que tenía frente a sí en ese preciso instante. Pero un mutante..., olvídalo. Merece la muerte y mucho más, por ser una abominación de la naturaleza, un monstruo con rostro inocente de mortal.

Una bestia inhumana pero a la vez tan humana, como ella.

Viveka se dio la vuelta, dándole la espalda. Pudo percibir su cansancio, su agobio, en aquel simple roce. Y por más simple que fuese, le había provocado mayor mal a ella, pues ya estaba sobrecargada de energía, quizás más de lo que su cuerpo podía soportar. Apretó suavemente los dientes, intentando soportar mejor las jaquecas y las náuseas. Pero claro, siempre era tan ínútil. Los efectos secundarios, los efectos secundarios..., debería recordarlo más a menudo. Debería, simplemente, no creer que puede con todo cuando no es así. ¿Pero qué va a ser? Es una vengadora, una líder de su raza; no puede flaquear aunque lo deseara con todas sus fuerzas.

Escuchó su voz, entonces, y frunció severamente el ceño. Se mordió con delicadeza el labio inferior. El chico era terco, demasiado. Quizás podría intentar otro de sus trucos para hacerlo cambiar de opinión; quizás podría ser menos amable. Pero estaba cansada, exhausta. Se limito sólo a entreabrir sus labios para hablar, pues siquiera lo miró.

― Haz lo que te plazca, pero lejos de mi vista ―musitó, haciendo una pequeña pausa―. Si algo te sucede, yo no seré responsable ―concluyó, desviando sus pupilas hacia un lado, intentando divisar sus movimientos por el rabillo del ojo.


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Re: El tiempo hace con el cuerpo lo mismo que hace la estupidez con el alma: lo pudre. {Auden Lehnsherr}

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